Por Pablo Barrios
Symfonia
In Paradisum
Avalon/Marquee

Uno de los trabajos más anticipados de este año ya está entre nosotros y hay que confesarlo, es una bomba a punto de explotar si todo sale como se tiene planeado ya que no es cualquier grupo, sino que Symfonia es una agrupación donde hay varias estrellas del mundo del heavy melódico, y el nerviosismo por saber de que se trataba el proyecto no era para menos.
Desde la abrupta salida de Stratovarius, Timo Tolkki anduvo divagando entre proyectos paralelos como Revolution Renaissance donde tuvo su pequeño auge y revancha; del otro lado, Andre Matos, quien a pesar de haber salido de Angra hace ya muchos años siempre se pudo mantener en pie con su carrera solista y proyectos paralelos con Shaaman. Este dúo dinámico acompañado por Jari Kainulainen (Stratovarius, Evergrey), Mikko Härkin (Sonata Arctica) y Uli Kusch (Helloween), logran una placa bastante armoniosa, donde toda la banda sabe aprovechar sus habilidades dado el poco tiempo juntos.
Sabíamos que Symfonia iba a ser un megagrupo de power-metal lisa y llanamente. En esta oportunidad podríamos ver si esta formación de superestrellas lograría tener la misma relevancia dentro de la escena como la tuvieron con sus ex-agrupaciones y con In Paradisum, por lo menos logran llamar la atención de muchos con una fuerte entrega pero lamentablemente bastante predecible y sin grandes novedades.
Ahora bien, todos nos preguntábamos como iba a sonar Symfonia; al escuchar los primeros minutos nos damos cuenta que la batuta de esta sinfonía melódica la tiene Timo Tolkki, lo primero que se nos viene a la mente es –Stratovarius – y no estamos muy alejados de la realidad ya que tiene la insignia del guitarrista finlandés en todas partes, con solos de guitarra ultra rápidos, los temas suenan muy parecidos a su ex-grupo, no igual, pero bastante similar. Se pueden encontrar muchas coincidencias en las estructuras de las canciones, en como están hechas las melodías vocales, todo un conjunto de cosas que nos lleva siempre a un mismo lugar como por ejemplo en el tema Come by the Hills con un cierto parecido mínimo a Black Diamond.
¿Symfonia es Stratovarius 2.0, solo con la aportación de Andre Matos y aliados? Absolutamente no, cada integrante aporta lo suyo para que In Paradisum salga adelante, no solo nos encontramos con el clásico power metal finlandés que registró Timo, sino que también suena mucho a varias bandas alemanes conocidas variando entre temas rápidos y baladas. La voz del vocalista brasileño como siempre brilla en cada estrofa que interpreta y sobresale ante los demás; la producción es super cristalina, muy bien cuidada y lograda por lo cual se disfruta mucho escucharlos tocar.
In Paradisum pierde completamente en la originalidad, pero en su debut quisieron estar a salvo, no arriesgando mucho, siguiendo territorios conocidos entre todos y es entendible. Fánaticos de Stratovarius pueden estar más contentos, fánaticos de Angra pueden estar mas que satisfechos. Symfonia con su primer disco no lograron grandes sorpresas, solo grandes canciones.


Es un material que refleja la música del siglo que vivimos, donde los pianos ya son parte del escenario metalero. En el que la pureza se concentra en las letras. No se estanca en el pasado, camina por sí mismo. Aunque por momentos se sienta lento y la escucha tropiece un poco. Porque ya no hay velocidades estratosféricas, como en sus primeros materiales. La rapidez aquí se llama: Infernal Maze, The Game Never Ends y Event Horizon.

“El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud la duda”– Carl Sagan
¿Se les había olvidado que es la brutalidad? El final del disco se acerca y llegan dos de los mejores cortes de este larga duración que ubica a esta agrupación como la
El heavy metal resulta maravilloso, contagioso, otorga un sentido de empoderamiento, de fuerza y de fidelidad a un sonido que se convierte en la banda sonora de la vida de millones de personas. Esa grandeza (y a la vez sencillez), es captada maravillosamente en el cuarto álbum de Dawnbringer, la banda de Chicago liderada por Chris Black, uno de los héroes secretos del metal estadounidense.
So Much For Sleep abre el disco a modo de trailer cinematográfico. Sobre lo que encontraremos ahí dentro, de acuerdo a la declaración anterior, las canciones son el actor principal de esta obra redonda que no cojea, y que se amalgaman perfectamente una con otra sin llegar a ser monótono, aburrido o lineal; por el contrario, canciones como Like An Earthquake, toman las riendas por un camino trepidante y oscilante, que pasa de lo lento a lo rápido y que galopa en un ritmo de bajo muy a la John Paul Jones. Quizá The Devil y Swing Hard sean mejores ejemplos de cómo una canción redonda y bien armada, no necesita ser compleja ni llena de talento desbordado para ser disfrutable y coreable.
Kylesa
Sin embargo, a pesar de que las canciones son fuertes, Spiral Shadow funciona mejor como experiencia completa, de inicio a fin, sin pausas, es como dejar que una bola de nieve se vaya haciendo más grande conforme los temas avanzan y nos vamos inundando en la espesura de lo que Kylesa pretende y logra con este CD.

Los que mencionan que el “heavy metal está de regreso”, no sé en dónde estaban metidos. El heavy metal nunca se ha ido, ni en esos años en que el thrash y el grunge, el geath, el glack y el gótico eran los géneros de moda. Que fuera menos popular es otra cosa. Sin embargo, de unos años para acá se ha notado una fuerte tendencia a que nuevas bandas retomen el sonido y estilo de los 80. El asunto es que unos lo hacen bien y otros no. Lo peor que puede hacer un grupo es copiar a sus héroes pues eso te hace ser simplemente un clon de quinta categoría y una banda sin futuro, o si bien les va, una fama efímera.
manera más discreta. Aquí escucharán por todos lados referentes y lugares comunes de la ola británica (NWOBHM), pero de forma apática: canciones sin un riff poderoso, un coro llamativo, no hay dinamismo, aunque se esfuerzan. Y ciertamente la producción no ayuda en lo más mínimo, de hecho está dispareja. El vocalista/bajista, que responde al apelativo de Possessed, no tiene muy buena voz; el trabajo de guitarras está decente, la batería cumple a duras penas el trabajo. Por todo ello, no es un disco que sea muy necesario conseguir.

Volbeat
Barney Greenway de Napalm Death, en dos tracks bastante buenos, que la verdad hacen destacar al disco, junto con la canción abridora. 7 Shots, el trAck que tiene a Petrozza, es una composición agresiva disfrazada de hillbilly y bluegrass, pero que se extiende hacia una poderosa canción de metal clásico con la intervención del frontman alemán. Y Evelyn, el corte en el que interviene Greenway, podría ser de la época dorada de Napalm Death en la era Lee Dorrian, pero con la voz de Greenway, muy disfrutable.
Siempre considerados como segundones en el thrash metal,
aparecida en su disco debut. Como dije, no hay canciones flojas aquí y uno debe de hacer ejercicios de calentamiento para hacer headbang como debe de ser a lo largo de este discazo de nueva rolas. Lo único chocante del asunto es la portada tan maniquea, en la que se nos dice claramente que los gabachos son los buenos, y todos los demás, los malos. Por cierto, la foto interior fue tomada en el Circo Volador de la Ciudad de México, cuando tocaron hace un par de años. Existe en disco, aunque sin póster.
Desde el surgimiento de la Segunda Ola del Black Metal (finales de los 80’s, principios de los 90’s) que fuera el movimiento que definiera el género en sí, se han ido gestando diferentes sub-géneros dentro del black que mutan hacía terrenos más melódicos, e incluso más ambientales y atmosféricos. Iniciando la tercera década de existencia del black metal, llega
Sin cuestión alguna el disco te atrapa desde que inicia, sin embargo, las canciones de repente sufren de ser cortadas de la misma tela, del mismo patrón, por lo que requerirá varias escuchadas para poder ser disfrutado al máximo y apreciar las sutiles diferencias entre las canciones, y apreciar por sobre todo, el sentimiento y lo pegajoso que puede llegar a ser en momentos.

Para ser sinceros, Sodom nunca ha dado un mal disco, y menos ha llegado a los bajísimos fondos que Kreator y Destruction, así que los que les guste el Sodom contemporáneo, deben de conseguir este disco que está al nivel de sus clásicos recientes como el M-16, por ejemplo. Como nota adicional diré que este es el último disco que graba Bobby, pues recientemente se ha separado del grupo y ya hasta tiene sustituto.