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Ozzy Osbourne – Scream

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Por Juanito el del Demo

Ozzy Osbourne
Scream

Epic

Considerado una leyenda en la comunidad metalera, criticado por algunos y amado por millones, Ozzy Osbourne sube un peldaño más de su larga y prolífica carrera y –hay que decirlo–, uno muy importante, con su producción 2010 titulada Scream.

Luego de una relación co-dependiente de dos décadas con Zakk Wylde, la influencia de éste en la música de Osbourne se hacía cada vez más evidente, por lo que el Príncipe de la Oscuridad consideró necesario hacer un cambio: el elegido fue Kostas Karamitroudis, mejor conocido como Gus G., guitarrista de la banda griega Firewind; dado el historial de Ozzy con sus anteriores guitarristas, podría pensarse que se trataría tan sólo de un virtuoso más en la lista; sin embargo, el helénico realmente vino a traer un fresco aire de renovación a la discografía del británico. Basta escuchar Let it Die –la obertura del álbum–, para descubrir durante sus seis intensos minutos el testimonio decisivo de por qué cambió a un guitarrista por otro. En cierta manera, es cierto que quien manda ahí es Sharon… perdón, Ozzy, y los otros músicos –por muy buenos que sean– sirven solamente de apoyo; pero en este caso, Gus G. realmente le ha inyectado vitalidad al veterano músico, quien canta de una manera en la que hacía mucho tiempo no se le escuchaba. Tal vez no se le entienda nada cuando habla, pero a la hora de pararse frente a un micrófono o una audiencia, su cuerpo se fortalece y su voz se carga de pasión, y a lo largo de Scream, su timbre vocal encaja a la perfección con el estilo de la guitarra de Gus G.. El resto de esta nueva alineación la componen Blasko en el bajo, Tommy Clufetos en la batería (ambos ex-Rob Zombie) y Adam Wakeman –con su apellido de abolengo–, en los teclados.

Dentro de tanto guitarrazo vertiginoso, resulta notable Soul Sucker con su cadencia lenta, evocadora del doom de Black Sabbath, sin duda unos de los platillos fuertes del menú; soul sucker podría traducirse como "el chupa almas", lo que nos hace pensar en un viejo vampiro que se alimenta de la energía de los demás para mantenerse vivo. Diggin' Me Down y I Want More llaman la atención con su estructura progresiva, al clásico estilo de Diary of a Madman o Killer of Giants, mientras Time representa la infaltable balada. Como ha sucedido en varios de los temas de Ozzy, muchos de sus títulos y letras son auto referencias a su carrera, su persona y sus actuaciones sobre el escenario, dando esa impresión de cercanía, de estar platicando con el escucha en persona acerca de su trayectoria… pero más que a viejito sentimental, suena al abuelo divertido que sabe entretener con sus grandes experiencias. Por ello no es de extrañar que las canciones lleven nombres como Life Won't Wait, Time o I Want More cuando recapitula el camino recorrido y Let Me Hear You Scream o I Love You All cuando se dirige a su público.

Finalmente, en una comparación obligada entre The Devil You Know de Heaven & Hell y Scream, la obra de Osbourne destaca por haber logrado desempantanarse de un estilo arraigado y bien conocido por todos, para expandir sus fronteras. No es que se trate realmente de una nueva propuesta estilística, pero tampoco se le puede exigir tal cosa a quien en su momento consumó la mayor propuesta musical de la historia, junto a Iommi, Butler y Ward. Sin duda, Scream sorprenderá a bastantes escépticos que piensan que Ozzy está acabado, y halagará a quienes han seguido de cerca su carrera. Larga vida a los rockeros de su especie.

High On Fire – Snakes For The Divine

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Por Juanito el del Demo

High On Fire
Snakes For The Divine

Koch Records

High On Fire es el trío actual de Matt Pike, californiano que se dio a conocer con su anterior grupo Sleep; no obstante, High On Fire ha ido varios pasos adelante, llevando el stoner/doom de su banda madre hacia terrenos más densos y peligrosos, que se han revelado desde su gran debut The Art of Self Defense hasta el alabado Death Is This Communion.

El lanzamiento 2010 de la agrupación en cuestión, titulado Snakes For The Divine no es más ni es menos que sus predecesores, es un álbum poderoso y dinámico, reflejo de la gran experiencia adquirida por Pike como músico; sus canciones siempre están en movimiento continuo, pero sin divagar, llevando al escucha por un conciso y emocionante camino de flamas, abundante en reptiles venenosos, engendros infrahumanos, guerreros legendarios y espectros atormentadores, que pasa de fangosas piezas de ambiente doom como Bastard Samurai, a agresivas bofetadas thrasheras como Ghost Neck. Por supuesto, como en cualquier agrupación liderada por un guitarrista virtuoso, los riffs incansables están a la orden del día –aspecto en el que destacan en especial los acordes del tema titular–, y los solos de guitarra heroicos no se echan de menos, entre los cuales los de Frost Hammer y Fire, Flood and Plague dejan un gran sabor de boca. De resaltar también es How Dark We Pray, con su peculiar cadencia y guitarra melódica, de estructura simple, pero evocadora de la expresión más pura del metal tradicional.

A Pike lo acompañan Des Kense, –baterista presente desde el comienzo de High On Fire, y que sorprende por su interpretación en Ghost Neck– y Jeff Matz, bajista que repite luego de su aparición en Death Is This Communion. La producción corrió a cargo de Greg Fidelman, co-productor de World Painted Blood (Slayer) e ingeniero de Death Magnetic (Metallica). Quizá Snakes For The Divine no aporte ninguna novedad al amplio espectro del metal como género, pero su fuerza y energía lo llevarán constante e involuntariamente a los estéreos y reproductores de quienes lo adquieran. Un grupo que, desde que uno conoce, incita a escuchar más de ellos.

Dimmu Borgir – Abrahadabra

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Por Pablo Barrios

Dimmu Borgir
Abrahadabra

Nuclear Blast Records

Dimmu Borgir ha vuelto con toda su parafernalia black metalera y muchas novedades de por medio, a la vez de más de lo mismo. Abrahadabra ha visto la luz después de tantos problemas en el seno de la agrupación durante el último año, lo cual se ve reflejado en el producto final.

Sin algunas de sus rocas fundamentales como lo fueron ICS Vortex y Mustis, oficialmente ahora tan solo un trío con músicos invitados, la banda noruega perdió gran parte de su identidad donde las orquestaciones clásicas y melodías vocales han quedado casi relegadas a la inexistencia, dejando de lado una de las partes clave de su ya conocida marca registrada que tienen en el género.

Incorporando a músicos de sesión como Snowy Shaw en bajo (Therion) y Agnete Maria Kjølsrud en voces, son una de las sorpresas que ha dividido las aguas en los seguidores, ya que con su single Gateways (ver video) han entrado en un territorio desconocido dando señales de una situación diferente a las últimas entregas de la banda. Abrahadabra no está tan alejado de su sonido característico, sino que siguieron por un recorrido bastante familiar sin arriesgar mucho, apostando a lo seguro, sin grandes cambios.

Su trilogía más famosa: Enthrone Darkness Triumphant, Spiritual Black Dimensions y Puritanical Euphoric Misanthropia, quedó en el pasado, siendo su pico de creatividad y ahora decayendo en sus siguientes lanzamientos. Esta vez no es la excepción. Con esta entrega a pesar de ser mucho mejor que In Sorte Diaboli, no alcanza su máximo potencial como debería ser.

Con una producción bastante envidiable y una orquesta a su disposición, cada músico invitado cumple sobriamente su función mientras que Dimmu Borgir comienza a develar el gran misterio de Abrahadabra con Xibir, una de las introducciones más larga de toda su discografía; de a poco va formando un crescendo para cargar con toda la potencia en Born Treacherous, con la particularidad de poseer un sonido en las guitarras más fiel al estilo del black metal, salvo por el sencillo Gateways donde se deja ver que fue compuesto especialmente como propuesta para lanzar un single.

En términos generales, la primera parte es mucho más fuerte y memorable que la complementaria, entrando a un territorio más que conocido en el segundo acto a partir del tema Ritualist, donde se empieza a decaer con pasajes de Death Cult Armageddon. De principio a fin parece que todo se resume a una cuestión de principios como lo expresan en la canción Renewal, hay renovación, hay aire fresco en cada tema pero falta algo, el rompecabezas no está completo sin sus anteriores integrantes y eso se refleja en la nueva imagen de los noruegos donde el blanco es el nuevo negro.

Endings And Continuations, A Jewel Traced Through Coal y The Demiurge Molecule, al final son temas forzados que pudieron haber sido trabajados de otra forma haciendo tedioso terminar de escuchar toda la obra, y aunque hay perlas como el cover Perfect Strangers de Deep Purple, no es suficiente para dejar algunas preguntas en el aire. Esta vez la música no pudo hablar por ellos. ¿Recomendable? Sí. ¿Espectacular? No.

La gran apuesta de este nuevo trabajo es sin duda la canción con el mismo nombre del combo nórdico Dimmu Borgir, sonando bombástico y a toda orquesta, es tratado como un himno donde se le escuche, cayendo en unas liricas previsibles pero sin dejar de sonar potente en cada estrofa cantada por Shagrath; se trata de llevar el fuego y la bandera de la agrupación bien en alto después de algunos golpes en el camino.

Dimmu Borgir ha dejado sus cartas sobre la mesa nuevamente y esta vez lo hicieron de forma segura dado todos sus problemas internos. Han entregado un material fuerte pero no lo suficiente como para ser recordado dentro de su extensa discografía. Abrahadabra no es una vuelta a sus trabajos más complejos, es tan solo un paso más a un futuro álbum probando a sus seguidores que funciona y que no. Para los noruegos es un momento crucial para decidir si van a seguir haciendo lo mismo por siempre, o van a volver a correr riesgos más grandes a partir de ahora. Sólo el tiempo lo dirá.

Nevermore – The Obsidian Conspiracy

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Por Juanito el del Demo

Nevermore
The Obsidian Conspiracy

Century Media

Después de cinco largos años, finalmente aparece The Obsidian Conspiracy, el séptimo larga duración de Nevermore; durante este receso, Jeff Loomis y Warrel Dane se dieron tiempo en 2008 para editar álbumes solistas (Zero Order Phase y Praises to the War Machine, respectivamente), y así regresar con las baterías recargadas. O, por lo menos, esa era la idea.

Editado en 2005, This Godless Endeavor –el predecesor de The Obsidian Conspiracy– logró trascender como uno de los mejores álbumes de los albores del siglo XXI, gracias a la suma de varios elementos: pasajes instrumentales extensos y bien logrados, la importante colaboración en el proceso de composición por parte de los miembros Jim Sheppard y Steve Smyth –este último además representó un apoyo clave para Loomis en el trabajo de guitarras–; todo esto amarrado por la gran producción de Andy Sneap (Masterplan, Kreator, Megadeth); en The Obsidian Conspiracy, todas estas cualidades han desaparecido: para empezar, los diez temas son de la autoría Loomis/Dane, que si bien constituyen la fuerza motriz del grupo, parecen haberse estancado en una fórmula; es cierto, los grandes riffs, los coros memorables, los ataques incisivos de Dane contra la política, su peculiar mezcla de thrash, power y metal tradicional, todo está ahí, pero el asunto ya se siente más rutinario, no hay sorpresas; lo mejor llega hasta el final con She Comes in Colors y The Obsidian Conspiracy, por mucho los tracks más elaborados. Finalmente, la producción de Peter Wichers –quien llegó por recomendación de Dane– no estuvo a la altura de las características del grupo; si bien acaba de producir The Panic Broadcast para su propia banda Soilwork y el ya mencionado Praises to the War Machine, aún le falta la visión de Sneap. Según declaraciones del mismo Loomis, mientras Sneap le permitía completa libertad creativa, Wichers quiso involucrarse de lleno en la composición y cuando escuchó las estructuras de 7 a 8 minutos que realizó Loomis, le "sugirió" que las recortaran un poco, que les quitara la grasa para hacerlas más concisas y, consecuentemente, más pegajosas. Tal vez a ellos les pareció una gran idea, pero precisamente esos "sobrantes" son los que hicieron grandes varias piezas de su catálogo y los que les ganaron la clasificación de metal progresivo; ahora, como escucha uno tiene la sensación insatisfecha de que cuando los temas parecen comenzar a encenderse, terminan súbitamente. En la cuestión anímica, el disco está invadido de un sentimiento de odio (la palabra "hate" aparece en varios de los temas, además de la furia implícita de la portada), reflejo de la frustración de Dane por no haber podido cambiar todavía a un mundo alejado de la mano de Dios; traiciones, decepciones y conspiraciones abundan en los temas de un álbum que puede a su vez estar traicionando el estilo de la banda.

Como siempre sucede, habrá seguidores incondicionales que reciban esta producción con buena cara, y no les faltará razón, pues funciona a cierto nivel y aprueba con calificaciones suficientes, pero los escuchas más exigentes fruncirán el ceño con una sensación de insatisfacción.

Anathema – We’re Here Because We’re Here

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Por Pablo Barrios

Anathema
We're Here Because We're Here

Kscope Records

Anathema es una agrupación que ha entregado contundencia durante años y música revitalizada a través del tiempo por su capacidad compositiva manteniendo un estatus de culto entre sus fieles seguidores. A pesar de haber sufrido cambios radicales en el sonido desde sus comienzos y gracias a la consistencia que tuvieron alrededor del nuevo milenio, se lograron mantener como una de las mejores exportaciones de Inglaterra.

Durante unos largos siete años desaparecieron, pero siguieron dando pequeños signos de vida dado al quiebre de su sello discográfico. En los últimos tiempos han entregado discos como Hindsight donde podemos encontrar canciones re-versionadas de forma acústica. El sexteto de Liverpool por lo menos nos daba esperanza de algo que nunca habíamos escuchado, y así es We´re Here Because We´re Here.

Mucho tiempo ha pasado desde A Natural Disaster (2003), pero a pesar de eso se nota una banda totalmente enérgica; al final la espera valió totalmente con una producción que es un clásico instantáneo, la belleza y la melancolía brillan a cada segundo en un rock progresivo perfectamente construido. Con la ayuda de Steven Wilson de Porcupine Tree en la mezcla final, Anathema se embarca en el camino más espiritual de toda su carrera dejando su lado más vulnerable a merced de la música.

Con una voz prodigiosa como la de Vincent Cavanagh que brilla de una forma precisa y cristalina, le inyecta al CD cierta sensación de confort y de paz haciendo una producción que motiva a ser escuchado muchas veces sin perder fuerza y deterioro a través del tiempo. Musicalmente mucho más sutiles que anteriores ocasiones, mucho más que en Alternative IV por ejemplo, es una meditación constante y un viaje cósmico que solo Anathema podría magnificar, y aunque las influencias son claras viniendo del mismo país de Pink Floyd, no es casualidad que lo que hacen es porque ya lo tienen en su ADN.

Como una fuerza natural arrolladora, hay canciones como A Simple Mistake que resume todo lo que son capaces de hacer y lo demuestran sin timidez y a gran escala. De un momento a otro, de la belleza y la sutileza, hasta llegar a la agresión para pasar a la emoción constante y luego al final dejándote con sensaciones para meditar, la mayor virtud es como está compuesta la parte orquestal y de ambientación. En todo el disco sobresalen los teclados de Les Smith, sobre todo hacia el climax de la obra como lo escuchamos en Universal; pero el mayor mérito se lo lleva Daniel Cavanagh donde sus composiciones son elementos fundamentales para que Anathema sea lo que es. Desde Thin Air, se sabe que estamos ante un trabajo especial por su dinamismo; nos encontramos con baladas como Dreaming Light o fuertes aportes como Summernight Horizon, las cuales embellecen la obra y cuyo balance se equilibra en sorpresas como Energy y Presence.

Tanto tiempo de espera para crear un LP de esta envergadura ha dado sus frutos, es una las grabaciones más hermosas que una banda haya logrado y plasmado, todo a base de melancolía. We´re Here Because We´re Here será recordado por bastante tiempo al ser un purificador de almas. Tan sólo necesitas cerrar los ojos y dejar que Anathema haga su parte.

Borknagar – Universal

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Por Juanito el del Demo

Borknagar
Universal

Indie Recordings

Borknagar es una de las bandas de linaje más fino en la industria metalera, pero sobre todo, una de las fuerzas seminales de la escena de black metal noruega actual, basta mencionar que por sus filas han pasado músicos como Ivar Bjørnson, guitarrista de Enslaved, I.C.S. Vortex, ex-bajista de Dimmu Borgir o Asgeir Mickelson, baterista de Ihsahn; por lo mismo, podría argumentarse que Borknagar mantiene una semejanza demasiado cercana con el estilo de sus paisanos, lo cual no está alejado de la verdad: desplantes progresivos, cambios de ritmo y coros melódicos lo demuestran. No obstante, la agrupación formada por Oystein G. Brun mantiene su propia personalidad, y su octavo lanzamiento de estudio, Universal, es una sólida prueba de ello.

A pesar de que el talento que ha circulado por Borknagar ha sido de primer nivel, la banda nunca ha podido mantener una alineación estable entre un álbum y otro, siendo Brun el único constante; sin embargo, el veterano guitarrista se las ha arreglado para incluir en sus filas a algunos músicos que han dejado su sello impreso en la música del grupo, como la contundente voz del sueco Vintersorg —quien se uniera a al grupo para Empiricism, de 2001— y el peculiar estilo del tecladista Lars A. Nedland, quien desde Quintessence, de 2000, ha expandido el sonido de los noruegos con piano, sintetizadores y especialmente su órgano Hammond, que aporta un nostálgico ambiente setentero, evocador de grandes maestros como Jon Lord, Keith Emerson o Rick Wright. Este sonido "orgánico" tiene una doble connotación al leer las letras de Universal, impregnadas de una alta conciencia ecológica, que comienzan la obra declarando que "La naturaleza recuperará su terreno", y terminan con la última puesta de sol que verá el hombre, en una demostración del gran respeto que Brun y sus compañeros sienten por un entorno al que la raza humana está destrozando, pero que eventualmente nos quitará de en medio de forma violenta y devastadora (Havoc); aquí es donde el espíritu apocalíptico y destructivo del black metal genuino se hace presente, pero de una manera distinta, más consciente y más real que las temáticas diabólicas, y por lo mismo, más estremecedora.

Prácticamente, el black metal se ha convertido en un género por sí mismo, y la diversidad de bandas que existen ya no suenan a lo mismo, como sucedía hace veinte años; si bien el escucha promedio ya no sabe qué esperar, ni si en el futuro se escucharán fusiones con marimba y güiro —si no es que ya existen—, lo cierto es que hoy en día las bandas que defienden esta bandera están logrando darle mayor credibilidad y difusión a un estilo que fue tremendamente condenado en sus inicios y que hoy vive un gran momento, aunque, como todo, nunca faltarán oportunistas que se cuelguen la etiqueta porque está de moda —a ellos sí se los llevará el diablo—. Pero mientras existan bandas como Borknagar, que expresen musicalmente una filosofía inteligente y lúcida, el negro universo seguirá girando.
 

Black Tusk – Taste The Sin

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Por Javier "Show" Villalpando

Black Tusk
Taste The Sin

Relapse Records

Para hablar de Black Tusk y el más reciente álbum Taste The Sin, su tercero, hay que entender que hay algo más grande que ellos: una escena. Así como la escena del black metal Noruego, la escena del thrash de San Francisco, la del death metal melódico en Gotemburgo, etc., el día de hoy existe una escena interesante de grandes bandas surgidas de Savannah, Georgia y ciudades aledañas. El sonido ha sido definido en los bares underground por bandas como Baroness, Kylessa, Torche, Zoroaster, Howl, e incluso una etapa temprana de Mastodon (ellos de Atlanta).

El sonido creado y/o perfeccionado por ellos es el que conocemos como Sludge Metal (o Swamp Metal), que toma elementos de grupos pilares como Melvins y Eyehategod, y que basado en los beats del doom, acelera con constancia a ritmo de guitarras espesas y atonales junto con voces generalmente gritadas. Todo esto, creando así una verdadera escena sólida y constante, también con ayuda de conjuntos de Nueva Orleans o de Filadelfia; unos ayudan a otros, todas han salido de gira con todos, participan en "Splits" (discos compartidos) y crearon así una institución pantanosa.

Saliendo de esta introducción, Black Tusk es un trío poderoso, lleno de energía e intensidad, y una de las bandas más activas de dicha escena, entre splits, demos y álbumes, juntan más de seis en muy poco tiempo de existencia. Para ser un trío llenan todo espacio posible, valiéndose de algo muy clásico del género que es la doble voz y voces combinadas, la dualidad perfecta entre la guitarra rítmica y el poder del bajo genera una atmósfera tremendamente dura y bastante disfrutable. Además, Black Tusk puede variar entre tres distintas voces: la voz thrash, la voz a la vieja escuela del metal y el grito desgarrador, dándole así diferentes dimensiones a lo que hacen.

Su sonido oscila entre un punk, thrash, mezclado con el cliché sludge, dando así como resultado una banda que puede ser la contraparte con extra testosterona de Kylesa (sin Laura Pleasants obviamente), como la mano de Fenriz o Henry Rollins hubiesen tenido que ver aquí. Sumado a esto hay momentos y ritmos bastante llenos de rock & roll clásico estilo AC/DC.

Taste The Sin es un gran esfuerzo que le comienza a dar verdadera forma a una banda que ha sudado mucho y bebido mucha cerveza para crear este metal macho, lleno de adrenalina y poder, y que además es bastante divertido y pegajoso. El álbum arranca de gran manera con Embrace The Madness, una canción que parte justo donde se quedaron en Passage Through Purgatory, su anterior producción, y que al inicio no parece sorprender, pero en la parte media toma forma con un ritmo rock boogie que te hace mover el pie al ritmo del tema. Grandes tracks llegan con Red Eyes, Black Skies y Twist The Knife, en donde la anterior mencionada comparación con Kylesa es evidente, pero añadiendo una voz más intensa muy al modo Baroness. El mejor momento, en mi opinión, llega a cargo de Unleash The Wrath, una pieza instrumental, en donde literalmente desatan una furia rítmica, en donde voz, bajo y guitarra marcan una sincronía perfecta para ir cambiando ritmos, acelerar y eventualmente, estallar en una gran canción de rock pesado.

Al final el LP cierra de gran manera con The Crash, un corte que al final esperemos se convierta en el eslabón entre este álbum y el Black Tusk del mañana. Queda de lección que cuando eres parte de una escena tan grande y llena de talento, puedes eventualmente pasar desapercibido, sin embargo, creo que Black Tusk a base de agallas y actitud logran hacerse un lugar importante y convertirse en los hermanos thrasheros de Baroness. El disco es muy disfrutable, es corto y eso hace que pase ligero y sean más memorables las canciones antes mencionadas. Te tomará 40 minutos hacer un viaje certero y espeso a un pantano lleno de guitarras afiladas, gritos, y mucha actitud. Al final, Black Tusk tiene mucho por recorrer, y este parece ser su primer gran intento por llegar a la grandeza.

Ihsahn – After

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Por Juanito el del Demo

Ihsahn
After

Candlelight Records

Tras su salida de Emperor, Ihsahn ha conjuntado una ilustre tercia de "Ases": Adversary, AngL y After, siendo este último el que nos ocupa en 2010; en esencia, se trata de una obra con el sello del gran músico noruego, con base firme en el tradicional black metal que lo ha acompañado en su carrera, más los clásicos elementos que aderezan sus piezas, como arreglos sinfónicos, instrumentos acústicos, voces limpias y estructuras complejas; sin embargo, After tiene su propia identidad, lograda gracias a la inquietud del músico por explorar nuevos territorios.

Como ya es costumbre, Ihsahn es el hombre orquesta que hace todo en su álbum, no obstante, sigue apoyándose en la batería de Asgeir Mickelson (ex-Borknagar) y el bajo de Lars Koppang Norberg (ex-Spiral Architect). Sin embargo, el elemento sorpresa que se suma a esta tercera obra es el saxofón, un instrumento poco usado en el metal (como más recientes referencias tenemos a Nachtmystium y Yakuza), pero que en After cobra una relevancia asombrosa y, por demás, agradable, llevado en algunos temas al nivel de protagonista, incluso por encima de las guitarras. El responsable de tocar este peculiar instrumento es Jørgen Munkeby, de la banda experimental noruega Shining (no la banda sueca de black metal), quien logra llevar al escucha del desenfrenado delirio de A Grave Inversed hasta la sofisticada melodía de On the Shores, pasando por los acordes ambientales de Heaven's Black Sea, con gran soltura. En general, el sax proporciona una luminosidad similar a la de la extraña portada blanca del álbum, aunque aún permanezca envuelta por una distintiva funda negra.

Otro aspecto a resaltar son los títulos de las canciones de After, que nos describen la geografía del mundo personal de Ihsahn: las tierras yermas, los lagos congelados de Marte o el mar negro del Cielo, simbolizan de manera lírica los terrenos que este músico se ha empeñado en explorar, sin perder por ello el contacto con suelo firme; para terminar, independientemente de la sólida consistencia de After como obra integral, debe destacarse la inclusión de Undercurrent, no sólo la mejor pieza del álbum, sino por mucho, una de las mejores canciones del año en la industria discográfica. Sus diez minutos constituyen en sí mismos una obra por todo derecho, con tintes progresivos, la incursión de un saxofón magistral y riffs de guitarra memorables. Felicidades y gracias a Ihsahn. Que Satán lo tenga en su gloria.

Watain – Lawless Darkness

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Por Javier "Show" Villalpando

Watain
Lawless Darkness

Season Of Mist

Debo admitir que Watain es mi banda favorita de black metal, por lo que reseñar sobre ellos y sobre su último material, Lawless Darkness, es como hacerle un carta de recomendación a un amigo, debes ser objetivo siempre, pero con un dejo de cariño especial. Con esto como introducción paso a dar mi objetivo veredicto.

Después de un triunfal álbum como Sworn To The Dark de 2007, un disco que fue altamente recibido, regresa Watain reclamando no sólo su retorno, si no el renacimiento del black en sí, una osadía publicitaria que antecedió al lanzamiento de Lawless Darkness. La osadía de cual se valen para antelar un gran lanzamiento es lo que me resulta realmente interesante, Watain más que una banda es un movimiento, es un ejército, y es todo un gran concepto; por lo cuál al hablar de su cuarto material, tendríamos que verlo más como una experiencia y una declaración que como un álbum per se.

Dentro de todo lo controversial que el black metalpuede llegar a ser, lo cuestionable y lleno de clichés; hay un gran sentido holístico de la artisticidad, de la verdadera expresión estética en todas sus extensiones posibles, todo un pilar filosófico que da cimiento a dicha expresión, y la música se convierte meramente en un canal más para vaciar todas las creencias, rituales y experiencias de una banda. Y creo certeramente que Watain son los más grandes ejecutores de tal hecho.

Como vimos en la entrevista hecha en Search & Destroy, Lawless Darkness constituye un concepto de la oscuridad como una metáfora que se antepone a las restricciones de la luz, que permite la ausencia de definición y de leyes que la claridad tiene por naturaleza; pero también habla de la oscuridad espiritual como la morada de los dioses a los cuales adoran, y en donde ellos encuentran el mejor medio de expresión.

Por lo tanto, Lawless Darkness, se plantea como un disco fuera de lo convencional y donde el black encuentra un verdadero renacimiento. ¿Lo es realmente? Creo que no, y lo digo basado en que es un gran álbum, pero es más experimental, melódico y basado en el metal clásico, que cualquier disco de black metal. Las estructuras de las canciones son muy clásicas, pero con la potencia y putrefacción necesaria para etiquetarla como black.

El primer gran momento del disco, en mi opinión, llega con Reaping Death, un acelerado inicio que da entrada a gritos de guerra y revolución, en donde las capacidades técnicas y de ejecución de la banda se ven más completas y mejor logradas, lo cual les permite ser más creativos y no sólo mejores músicos, sino mejores comunicadores de su propuesta. Four Thrones y Wolve’s Curse constituyen otro ataque frontal en donde a pesar de sonar a canciones de black clásico, se separan un poco del sentimiento de claustrofobia, y permiten la entrada de riffs muy memorables y melodía pegajosa, en donde el mensaje se hace aún más perceptible.

El tema que da título al álbum, es un corte distinto, es instrumental, lo cual me parece una maravilla, es una composición admirable en donde se atan perfectamente los conceptos que hablan sobre la luz y sus restricciones, acá la ausencia de letra, la carencia de la “canción” en sí, es la que los dista de esas leyes e impedimentos naturales que el metal en sí plantea. Total Funeral es el track característico de Watain en donde el Black N’ Roll se hace presente, con un ritmo digno de Motörhead, y con densas atmósferas creadas por la voz de Eric Danielsson y un trepidante sentimiento de poder que acelera el pulso de las venas.

Sin embargo, la que más me llama la atención y que me resulta la mejor del álbum, es la canción de cierre, Waters Of Ain, un Opus tremendo en donde Watain se sale de sus mismas limitaciones y experimenta más con la emoción y dejan de lado la misantropía. Es sin duda la composición más personal de los suecos donde expresan verdadero amor a sus dioses, donde con un cálido abrazo reciben a la oscuridad. El tema dura 14 minutos, y cuenta con distintos cambios de ritmo, melodías muy clásicas como de Beyond The Realms Of Death de Judas Priest, y en donde existe más de un clímax. También cuenta en una parte crucial con un invitado, Carl McCoy de la banda de dark-new wave Fields of the Nephilim; donde además de ser un mero invitado, se convierte en la voz de alguien que ya no se encuentra en el mundo, es como un reflejo de lo que Danielsson dejó de piel y sudor en la canción, y así después dar paso a un cierre monumental muy al modo Fade To Black de Metallica, gestando el mejor solo del disco, y un cierre que resulta emotivo y lleno de una energía muy distinta

El álbum es sin duda un gran paso para la banda, seguro no llenarán estadios después de esto, pero sí están dejando una huella importante en la escena, y lo más destacable de todo, me parece el manejo del concepto holístico de las creencias, de la filosofía y de cómo el cuerpo humano es sólo un contenedor de conceptos más grandes que nosotros mismos y la música se convierte en el canal ideal, junto con toda una parafernalia atmosférica, para expresar eso que es más grande que nosotros.

Suicidal Angels – Sanctify The Darkness

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Por Miguel Ángel Palafox

Suicidal Angels
Sanctify The Darkness

Nuclear Blast Records

A pesar de que la escena del thrash metal nunca desapareció, las bandas originarias de este movimiento siguieron sacando material; mi percepción es que por varios años el panorama del estilo careció de adeptos de nuevas generaciones que se decidieran por este sub género.

Afortunadamente Suicidal Angels, provenientes de Grecia, es una de las agrupaciones que prueba que el género está de regreso o que vuelve a estar en la mira de la prensa y de los melómanos, como se le quiera ver.

Sanctify The Darkness, editado por Nuclear Blast, marca el segundo larga duración de los formados en 2001, en la ciudad de Atenas.

Queda claro que durante sus años mozos, estos griegos le dedicaron mucho tiempo a los discos de Slayer y Sodom, lo cual junto con alguna otra influencia de bandas de death metal, marca la pauta para su sonido.

Aunque este no es único ni original, se les agradece la extraordinaria manera de ejecutarlo pues nos recuerda como un género se puede reinterpretar. Suicidal Angels no busca llevar el sonido hacia nuevos horizontes, si no demostrar que la vieja escuela del thrash y de toque agresivo, está de vuelta.

La temática de las canciones hace alusión a la rebelión y crítica contra las creencias judeo cristianas y sus instituciones. Esto no es nada nuevo para el conjunto, que desde sus primeros demos se inclinó por esto.

La producción está muy bien lograda, resalta la energía en la ejecución de las guitarras con el poderoso retiemble de la batería, así como el acento del vocalista, que les da un toque especial.

Del arte del CD solo se puede rescatar la portada, que tiene muy buena calidad en la ilustración y en su colorimetría, la cual estuvo a cargo del talentoso Kristian Wahlin, quien es miembro de bandas como Grotesque y Liers in Wait, responsable del rubro en discos de At The Gates, Bathory, Dismember y King Diamond entre muchas otras. Donde Suicidal Angels falla es en el resto del arte, tanto en las fotos tan clichés como en lo pobre de utilizar partes de la portada, con muy baja resolución por cierto, para adornar el fondo de la letra de las canciones. Jalón de orejas para Nuclear Blast que no puede achacar estas fallas a la economía global, pues es el arte y el diseño de un redondo uno de los incentivos para los que optan seguir comprando LPs y no robarlos de la red.

Como bien decía, el sonido de Suicidal Angels tiene mucho poder y es contagioso, con una producción muy bien lograda. Pero si tan solo este conjunto helénico se esforzara por imprimir un poco de originalidad a su música en álbumes por venir, seguramente los llevaría a consolidarse como una de las bandas de thrash a seguir en años venideros. Talento tienen, habrá que esperar su siguiente producción para ver hacia donde navegan musicalmente.

Un álbum donde emana el olor de la década de los 80, con muy buen sonido que entretiene, sobre todo si se comparte el sentimiento anti cristiano que pregonan estos ángeles suicidas.