Volbeat es una banda danesa que ha pasado fuera del radar durante muchos años, sin embargo han sido grandes favoritos en países escandinavos como su natal Dinamarca, Suecia, y han logrado bastante éxito en festivales como Wacken. La originalidad en su sonido desde el punto de vista del metal es incuestionable, es una mezcla bastante coherente de heavy metal, rockabilly, punk, y vocales estilo Elvis con guitarras de un Metallica moderno.
Sin embargo, el sonido distintivo de Volbeat es un arma de doble filo, ya que al marcar una diferencia con su "Rock The Rebel/Metal The Devil", tienden a caer fácilmente en la repetición y la experimentación que puedan lograr, sacrificando mucho esa originalidad mencionada.
En esta su nueva entrega, Beyond Hell / Above Heaven, los nórdicos, ahora favoritos de Metallica -sobre todo de Lars Ulrich-, se valen de nuevas áreas que los debilitan un poco, como dejar de lado la actitud punkabilly y adoptar melodías más pop, dejar las voces carrasperas e irse por vocales más limpias. Los riffs siguen siendo bastante buenos, muy poderosos y memorables. Lo que logra Volbeat es, construir alrededor de esos riffS, canciones consistentes pero se pierden dentro de su propia genialidad guitarrístca y al querer arriesgarse, pierden lo que los hace indentificables.
El disco no es que sea malo, pero si no eres fan de Volbeat desde tiempo atrás, este álbum no te convencerá de lo contrario, el meollo es el abuso de fórmulas y clichés que ellos mismo establecieron. Sin embargo, un punto a favor del redondo es que se valen de algo que pocas bandas de metal hacen, que es el tener invitados especiales; en esta ocasión, tienen a dos leyendas bastante reconocidas y a la vez muy lejanas de lo que hace Volbeat, como a Mile Petrozza de Kreator y Barney Greenway de Napalm Death, en dos tracks bastante buenos, que la verdad hacen destacar al disco, junto con la canción abridora. 7 Shots, el trAck que tiene a Petrozza, es una composición agresiva disfrazada de hillbilly y bluegrass, pero que se extiende hacia una poderosa canción de metal clásico con la intervención del frontman alemán. Y Evelyn, el corte en el que interviene Greenway, podría ser de la época dorada de Napalm Death en la era Lee Dorrian, pero con la voz de Greenway, muy disfrutable.
Es un CD flojo, que de repente adolece de inconstancia, pero que a los fans de la banda no decepcionará, si es visto o escuchado como un álbum en donde se contienen cinco posibles sencillos, será mucho mejor viaje que verlo como una obra constante y redonda. Sin duda Volbeat tiene mucho por aportar, más en vivo que en álbumes, y esperemos que sus mejores discos no hayan quedado en el pasado.
Siempre considerados como segundones en el thrash metal, At War presenta un disco que podría cambiar esa calificación muy poco certera. Después de unos 20 años sin dignarse a sacar algo, este trío de gabachos presentan un producto de total thrash, de calidad indiscutible. Poder, velocidad y agresividad, con una producción contundente, es lo que hacen que este sea un CD destacable entre la marea de grabaciones que salen a diario. Aquí no hay canciones flojas, ni de relleno, todo es poder y agresividad, con el toque At War y sin necesidad de hacer esfuerzos desesperados por intentar sonar “como antes”.
No sé en realidad estas canciones son extraídas de aquel tercer disco que nunca sacaron, regrabadas o es nuevo. La que si viene regrabada es la clásica Rapechase, aparecida en su disco debut. Como dije, no hay canciones flojas aquí y uno debe de hacer ejercicios de calentamiento para hacer headbang como debe de ser a lo largo de este discazo de nueva rolas. Lo único chocante del asunto es la portada tan maniquea, en la que se nos dice claramente que los gabachos son los buenos, y todos los demás, los malos. Por cierto, la foto interior fue tomada en el Circo Volador de la Ciudad de México, cuando tocaron hace un par de años. Existe en disco, aunque sin póster.
En todo el mundo del metal moderno, y a ésto me refiero por todo lo hecho en la era Post-Pantera y Nü Metal, hay demasiadas inconsistencias, mucha carencia de identidad, y zonas grises que no son fácilmente llenadas, y más si careces también de talento y un concepto distinto.
Todo eso le pasa a Nothing Left For Tomorrow, una banda canadiense liderada por una mujer, que ambiciona ser llamada thrashmMetal o incluso death metal, pero que en su afán de querer ser Arch Enemy, se van perdiendo en la espiral confusa que es la falta de identidad, y más en un Canadá inundado de Avril Lavinge y Paramore, en donde pretenden mucho y logran casi nada, ni siquiera llegar a ser In This Moment, el referente más similar.
Nightbreed, carece de dirección creativa y de concepto, la ejecución parece sonar buena, sin embargo el sonido otorgado por la mezcla y/o la masterización es muy pobre y evidencia todas esas carencias técnicas y de composición. Las voces estilo “cookie-monster” salen sobrando, quizás si hubiesen pretendido no sonar más “rudo” sólo porque sí, hubiese sido un intento más honesto de sonar bien y querer ser alguien distinguido.
Hay que otorgarles crédito a NLFT por su esfuerzo, por querer intentar algo, y habrá que darles también, el beneficio de la duda para un siguiente álbum, pero es justo este metal tan hecho rápido y con metrónomo, que parece sin sentimiento y creatividad, en lugar de tomar sus influencias y convertirlo en algo bueno, se ponen el freno de mano y se limitan sólo a querer ser, y dejan de hacer.
Desde el surgimiento de la Segunda Ola del Black Metal (finales de los 80’s, principios de los 90’s) que fuera el movimiento que definiera el género en sí, se han ido gestando diferentes sub-géneros dentro del black que mutan hacía terrenos más melódicos, e incluso más ambientales y atmosféricos. Iniciando la tercera década de existencia del black metal, llega Sargeist, con su nuevo álbum para decirnos y dictarnos cómo debe ser el black puro y clásico.
Después de 5 años, llega Sargeist con Let The Devil In, una obra ortodoxa, clásica y afianzada en sus raíces, pero que a su vez coquetea, cual demonio, con la sensualidad de la melodía, los coros pegajosos y una cadena de riffs que podrían hasta “tararearse”. Quirúrgicamente, Let The Devil In, es un álbum perfectamente ejecutado, que no pone en duda la capacidad musical de la banda; a su vez la calidad de los coros, y repito, de los riffs, tienen una gran fuerza melódica y sincera que sin duda se asemeja a esos predecesores como Burzum o el primer álbum de Gorgoroth, que dentro del caos reinante, había espacio para contemplar al ser y a la naturaleza del entorno en el que el black metal está siendo creado.
Sargeist se arriesga un poco en temas como Discovering The Enshoudered Eye, en donde el riff es el personaje principal, tanto que hasta llegan a fundirlo con el coro, y se integra perfectamente. El álbum inicia trepidantemente, oscilando entre el black puro y el melódico, la rapidez y los cambios de tiempo que llegan inteligentemente a trazar un contrapunto en las canciones, justo esos cambios y mid-tempos, llegan a ser bastante disfrutables y te harán mover el pie al ritmo de la música. Las influencias en el álbum resultan perceptibles en cierto punto, si estás familiarizado con Grand Belial’s Keys, los primeros álbumes de Darkthrone y obvio, ellos mismos, finalmente los finlandeses se convierten en su propia influencia y toman los mejor de ellos, hoy.
Sin cuestión alguna el disco te atrapa desde que inicia, sin embargo, las canciones de repente sufren de ser cortadas de la misma tela, del mismo patrón, por lo que requerirá varias escuchadas para poder ser disfrutado al máximo y apreciar las sutiles diferencias entre las canciones, y apreciar por sobre todo, el sentimiento y lo pegajoso que puede llegar a ser en momentos.
Esta obra es sin duda de lo mejor que el black metal clásico ha ofrecido en mucho tiempo, (obvio tomando en cuenta el Belus de Burzum), aunque no cambiará el rumbo del black, ni lo llevará hacia terrenos inhóspitos, sólo se aprovechan de las clásicas artimañas, de viejas melodías, y aterrizan un gran álbum clásico en este nuevo milenio.
Después de 13 discos de estudio y diversos en vivo y sencillos, Sodom regresa a la carga con un material que a muchos tomó por sorpresa, pues no se esperaba un disco tan pronto después del lanzamiento de su DVD doble, Lords of Depravity II. Con este trío alemán no hay que buscar sorpresas ni cambios de dirección radicales. Sabemos que encontraremos thrash metal a diferentes velocidades, con agresividad y potencia. Que es precisamente lo que ha hecho Sodom toda la vida, pero en diferentes niveles de efectividad. Quizá lo que se puede decir es que el grupo, a pesar de que tiene factores rápidos, tiende a hacer cosas a paso medio, pero muy potentes y aplastantes, como el tanque que viene ilustrando la portada.
Muchos añoran LPs como Persecution Mania o Agent Orange, y la guitarra bendita de Frank Blackfire, pues esas entregas tenían la característica de que cada canción se le quedaba a uno grabada en la cabeza, cosa que no pasa ya, la composición y estructuración de las canciones hechas por Bernemann, obviamente son diferentes y no van en esa línea. Es un disco muy parejo y no hay tracks que resalten mucho unos de otros, sin embargo sí hay algunas que llaman la atención a primera instancia como la abridora In War And Pieces, Hellfire, The Art Of Killing Poetry y Knarrenheinz (cantada en alemán y dedicada al guerrero que aparece en sus portadas). No estaría mal que se abstuvieran de hacer canciones como God Bless You, que bajan demasiado el empuje.
La producción del famoso Waldemar Sorychta, según Tom, es fabulosa. A mí no se me hace para tanto, pues Harris Johns le ha dado a Sodom igual o mejor producción. Supongo que lo que buscaba el grupo con esto (igual que Destruction) era encontrar un sonido moderno, ligado a su tradicional sonido thrash. No quedó nada mal la verdad, aunque a mi parecer, la producción que están teniendo los grupos de thrash es muy similar entre ellos, y eso sí es algo negativo, pues hace que pierdan su personalidad.
Para ser sinceros, Sodom nunca ha dado un mal disco, y menos ha llegado a los bajísimos fondos que Kreator y Destruction, así que los que les guste el Sodom contemporáneo, deben de conseguir este disco que está al nivel de sus clásicos recientes como el M-16, por ejemplo. Como nota adicional diré que este es el último disco que graba Bobby, pues recientemente se ha separado del grupo y ya hasta tiene sustituto.
La edición especial es en digipack y trae un CD en vivo adicional, con canciones extraídas de su show de aniversario en el Wacken Fest, y que a su vez vienen ya incluidas en el DVD. La versión en LP doble traerá un track adicional (Murder One), así como también habrá una edición normal.
Cada inicio de década, Iron Maiden ha lanzado un álbum que ha caracterizado el curso de la banda: en 1980 Iron Maiden auguraba un gran comienzo, en lo que fue la década más prolífica del grupo; en 1990 No Prayer for the Dying –con la salida de Adrian Smith–, presentaba a un Maiden en pleno declive artístico; en 2000 Brave New World –con el regreso de Bruce Dickinson y el mismo Smith– ostentaba el retorno de la agrupación en plena forma, para volver a ser un acto de primer nivel, de mano de su nuevo productor Kevin Shirley; en 2010 The Final Frontier ciertamente nos presenta a un Maiden diferente, pero la vez, muy reconocible.
Después de haber sido la agrupación más influyente de los ochenta, Maiden prácticamente desapareció tras Seventh Son of a Seventh Son; por ello, cada uno de sus lanzamientos en la década de los 00's ha sido recibido con escepticismo, a pesar de haber retomado el camino en el punto en el que se quedaron en 1988. Pese a todo, la doncella de hierro ha continuado evolucionando, cuando bien podrían haberse apegado a la misma fórmula –como han hecho tantas bandas–, o peor aún, tratar de volver su sonido más aceptable; parte de esta renovación se debe en buena medida a lo ejercitado por Adrian Smith durante su tiempo fuera del grupo, pues ha retomado su lugar como mancuerna importante para Steve Harris en la mayoría de las composiciones, con su estilo metódico y técnico. De esta manera, The Final Frontier se presenta como un álbum muy complejo y difícil de asimilar; lo primero que llama la atención es su duración: mientras las diez canciones de Killers pasaban los 38 minutos, las diez canciones de Final Frontier rebasan los 76 minutos –prácticamente el doble–, lo que lo convierte en su disco de estudio más largo; con ello se entiende que las canciones tienen un tratamiento muy distinto, lo que se siente especialmente en Isle of Avalon, tema de texturas más ambientales, o en Mother of Mercy, una composición progresiva de desarrollo muy extenso; a pesar de estos retoques, la banda retoma varios elementos clásicos de su estilo: la introductoria Satellite 15 es una poderosa muestra rítmica de la incansable batería de Nicko McBrain; El Dorado contiene el clásico galope en el bajo de Steve Harris; la fuerza y pasión con las que canta Bruce Dickinson en Coming Home nos remontan a la añeja Revelations; Starblind posee las sofisticadas alternancias en la afinación de las guitarras que caracterizan a Adrian Smith; en The Man Who Would Be King, Dave Murray hace gala de su ya famoso legato (técnica que consiste en la sucesión de varias notas ligadas, algo que Murray aprendió de Jimi Hendrix y que inmortalizó en temas como Phantom of the Opera y The Trooper). Líricamente, The Alchemist continúa el interés que reflejó Bruce por la alquimia en su álbum solista, The Chemical Wedding, y podemos ver reflejadas las clásicas preocupaciones existenciales de Harris en temas como When the Wild Wind Blows. En cuanto al aspecto visual, el arte nos ofrece un Eddie grotesco y ajeno, más próximo a las ilustraciones del trastornado suizo H. R. Geiger que a la creación original de Derek Riggs.
Por supuesto, muchos de los nuevos elementos sorprenderán a ciertos escuchas que ya se han formado una preconcepción de cómo debe sonar Maiden, y si bien es una placa que no será asimilada a la primera escucha (porque es un hecho que no lo será), puede dejar una gran satisfacción si se toma con calma y paciencia. En verdad, después de más de 30 años en la escena, resulta sorprendente que una banda de esa edad toque de esta manera; sin duda la nostálgica gira de Somewhere Back in Time los revitalizó a la hora de regresar al estudio. Adelante Maiden, por una nueva década; para qué desperdiciar el tiempo añorando los años idos, cuando se están viviendo los años dorados.
En 2008, Nachtmystium causó revuelo con su lanzamiento Assassins: Black Meddle Part 1, una inusual fusión de estilos que, desde que era escuchada por primera vez, revelaba a una obra definitoria del black metal y más aún, del metal de un siglo que comenzaba; como el mismo subtítulo implicaba, era evidente que una segunda parte aparecería tarde o temprano, para bien o para mal. Por lo mismo, Addicts: Black Meddle Pt. II debe medirse de acuerdo a los estándares fijados por su predecesor, tratando de desafiar el conocido axioma de que las segundas partes nunca son buenas.
Assassins reveló las inquietudes de Blake Judd como seguidor de Pink Floyd, quien recreó libremente el legado musical sicodélico de los británicos emergidos de la escena sesentera, con instrumentación de antaño –órgano Moog, saxofón– y ambientes espaciales, además de cierto sentido del humor; Addicts también se remonta a aquella época, pero desde una perspectiva más cruda y depresiva, enfocándose no tanto en el aspecto musical, sino en la parte terrible e incómoda que representó la utilización de la heroína y su consecuente adicción, algo que se transmite desde el escalofriante diseño de la portada; por lo mismo, las composiciones son más brutales e inestables, y en consecuencia, más difíciles de digerir. La obra comienza con Cry for Help, que más que canción es una exclamación desesperada que reza: "N-O-T-H-I-N-G H-U-R-T-S M-O-R-E T-H-A-N B-E-I-N-G B-O-R-N" (nada es más doloroso que nacer), frase que nos introduce de lleno al tema de las drogas y que a la vez pudiera interpretarse como una alusión a la dificultad de la concepción artística; en cierto modo, el estilo de Nachtmystium suena más concreto, menos disperso y más pulido, pero el desparpajo de Assassins era precisamente lo que le daba ese encanto de transgresión espontánea. Por su parte, Judddeclaró que para Addicts quiso involucrar elementos de post-rock e industrial, para seguir expandiendo las fronteras del metal extremo. A pesar de lo interesante de la premisa, este lanzamiento no suena tan variado auditivamente; ciertamente hay toques de influencias externas, aunque no necesariamente de rock industrial; si en realidad era esa la intención, el resultado es bastante fallido, acaso pueden encontrarse guitarras elementales de extracción ochentera en Nightfall y Then Fires, pero aún así carecen de juego, sin los inesperados contrastes que Assassins ofreció; por otro lado, este nuevo trabajo se aleja considerablemente de la psicodelia y el space rock, con lo que el término Black Meddle sale sobrando, pues hacía alusión a la fusión que se trabajó en Assassins (bautizado así tras el álbum Meddle de Floyd), y por ende se pierde la idea de una secuela auténtica.
En lo que sí avanzó el estilo de Nachtmystium a través de Addicts fue en la elaboración de coros melódicos, aspecto en el que destacan ampliamente No Funeral, Ruined Life Continuum y la titular Addicts, con su temática sobre las drogas y cuyo coro "All I want is more" nos remonta al debut fílmico del suizo Barbet Schroeder sobre los estragos de la heroína y nos lleva por otro (mal)viaje desencantado y decadente. Finalmente, Every Last Drop (ver video) sí conserva los tintes del Floyd que tiñieron Assassins, con su guitarra ambiental evocadora de Shine On You Crazy Diamond, la despedida al Syd Barrett ausente. Para la nueva alineación de estudio de la agrupación repiten Jeff Wilson en la guitarra y Sanford Parker en el sintetizador; en la batería se suma el enorme Jef 'Wrest' Whitehead, líder de su banda Leviathan y quien ha tocado con Judd en el súper grupo Twilight. Adicionalmente, Chris Black repite como productor y letrista.
Addicts pasará a la historia como un buen disco, quizás no como la obra maestra que es Assassins, sino como una muestra de la buena racha por la que atraviesa Nachtmystium como banda experimental, independientemente de los resultados obtenidos; tal vez la propensión de Judd por fusionar géneros sea un sincero intento por ampliar las posibilidades del metal extremo como corriente, o quizás sea meramente un interés comercial para llegar a un sector de público ajeno al metal, como sea, se agradece que haya músicos valientes que tomen el riesgo y generen música diferente. La esencia del black metal es ir contra lo establecido, aunque eso signifique ir en contra del mismo estilo.
Inicialmente con un titulo tentativo que fue descartado a último momento llamado All Hallows Eve, el nuevo capítulo en la saga de Cradle Of Filth finalmente se bautizó bajo el nombre de Darkly Darkly Venus Aversa y marca el retorno de un sonido más clásico, con una forma de presentar los temas mucho más dinámicos y memorables que su anterior Godpseed On The Devil's Thunder. Nuevamente los ingleses han puesto el esfuerzo y la concentración en hacer una obra única, ningún álbum que ha editado Dani Filth y su tropa es igual, como se puede reflejar en esta oportunidad, demostrando que tienen muchas ideas renovadas y más devoción que nunca.
Siguiendo la línea en la carrera de Cradle Of Filth, sabemos que vamos a encontrar ya que lograron concretar y encontrar hace tiempo su fórmula, su sonido y su sello personal, por lo cual es más fácil familiarizarse con su propuesta. Sufriendo mutaciones en la alineación, cada simbiosis entre la banda y la música se denota dando como resultado un alejamiento a su sonido tradicional extendiéndose cada vez más, hasta editar LPs como Nymphetamine y Thornography, donde las estructuras de los temas eran mucho más simples y muy diferentes a lo que venían creando. En esta ocasión también sufre una baja importante en la formación ya que una de las piezas fundamentales que estuvo durante años, Sarah Jezebel Devay, no figura, y es reemplazada mínimamente en algunos sectores por la cantante de pop Lucy Atkins, cuya voz aporta gran caracter al personaje que interpreta en esta travesía.
Con Cradle Of Filth a veces es muy difícil tener una postura que esté entre el amor y el odio, ello mismo acontece con Darkly Darkly Venus Aversa. Los seguidores más cercanos de las dos eras de la agrupación van a estar más que complacidos. A quienes gustan de lo clásico como Dusk And Her Embrace, estarán más que contentos por su ambientación; los que se han interesado por discos como Damnation And A Day van a estar más que satisfechos por la brutalidad. Y los que siempre los critican, lo van a odiar más que nunca. Musicalmente desde Midian, no se escuchaba un conjunto tan potente que hiciera olvidar pasos en falso de sus últimos trabajos. O lo tomas o lo dejas.
Con un bello arte dentro del booklet, un libro que va contando la historia en cuestión de las letras junto a imágenes, se da el puntapié para crear una atmósfera para hacer volar nuestra imaginación y situarnos donde quiere la banda. En términos líricos Dani Filth siempre hace gala de su forma tan poética de escribir literatura vampírica, conjugada con palabras en latín o versos muy pocos conocidos haciendo más interesante su manera de encarar todo un álbum conceptual. A la vez, su rol principal en la voz es muy criticada por tener esos alaridos y aullidos. En este CD como siempre, hay que tomarlo con pinzas, a veces sus cuerdas vocales sobresalen por toda la música y a veces deja mucho que desear.
Líricamente, Cradle Of Filth ha apostado a una figura controversial y polémica en la religión como es la la historia de Lilith, primera esposa de Adán que se fue del jardín del Edén por voluntad propia, para luego convertirse en un bruja, una de las tantas historias que se ha escrito sobre esta mítica mujer, pero en esta ocasión nos topamos con una versión más sucia, oscura y con todo el romanticismo de la literatura gótica.
En Darkly Darkly Venus Aversa, una de las particularidades es que no hay ningún tipo de introducción de por medio, ni hay interludios clásicos como Portrait Of The Dead Countess de Cruelty And The Beast o Creatures That Kissed in Cold Mirrors de Midian. Este álbum va directo al grano.
Hace bastante tiempo que la agrupación tiene un estigma pegado sobre si son una banda de black metal o no. En su primer trabajo, The Principle of Evil Made Flesh, hay una reminiscencia, pero nunca lograron poder convencer a un público que lo ha criticado por el hecho de decir que son tal cosa y sonar diferente. Musicalmente siempre fueron más allá en territorios desconocidos que luego otras agrupaciones imitaron, por eso en Darkly Darkly Venus Aversa se busca la aprobación de esas personas acelerando un paso más su música. Desde que comenzaron a editar discos, ninguno posee el caracter como el que proponen en esta nueva producción.
Con unas pocas palabras y bajo la conducción de una tormenta sonora por parte de Martin Skaroupka en la batería de The Cult Of Venus Aversa, se da el clima perfecto para una entrada a toda orquesta, particularmente esta canción da un indicio de cómo va a sonar la propuesta de los británicos, mucho más enfocados en las orquestaciones y en la rapidez de sus temas, reflejandose en The Nun With The Astral Habit, una clara alusión y un pequeño tributo a bandas como Emperor.
En ningún momento bajan los decibeles, la insignia de la teatralidad y lo gótico está en cada instante. The Spawn Of Love And War es un claro ejemplo de ello donde las voces se complementan a la perfección. La única excepción es Forgive Me Father (I Have Sinned) (ver video), el único corte reconocible a la primera escucha por la particular melodía que evoca.
En Darkly Darkly Venus Aversa es necesario prestar atención a los detalles ya que es mucho más intricado que sus discos experimentales, y no tan melódico como gran parte de sus años dorados con Dusk And Her Embrace, Cruelty And The Beast y Midian.
En la edición especial vienen cuatro canciones extra, creando un complemento interesante en complicidad con temas pesados, sin mucha orquestación y que no carecen de agresividad, sino todo lo contrario; la perla de la segunda entrega es Mistress From The Sucking Pit, que tendría que haber quedado en la edición final por la excelente e incesante participación de la tecladista Ashley Ellyllon.
Cradle Of Filth logró otra vez su cometido con el álbum más agresivo que hayan editado hasta la fecha y que alegrará a sus fans de toda la vida, y juntará a los detractores, reuniendo casi todas sus épocas, consiguiendo una pieza musical llena de emoción, complejidad y agresividad.
Luego del fracaso musical (no comercial) de su anterior álbum Minutes to Midnight, una oda al plagio en todo sentido, Linkin Park logra vencer a sus demonios con una propuesta bastante radical a lo que venía haciendo. A Thousand Suns es un experimento tan minimalista que puede fallar de la manera más catastrófica posible, aun así salieron victoriosos con una obra impensada por muchos y que ya se ha ganado el odio generalizado de sus seguidores más acérrimos.
Nacidos del auge Ñu Metal junto a Limp Bizkit, Korn y Slipknot pero con melodías pop, Linkin Park se ha ganado una reputación dentro de la escena del rock como invasores de un sonido que no les pertenece, y con este nuevo trabajo finalmente están buscando una nueva identidad, ahora más ligados con la electrónica, los sonidos industriales. Con las melodías vocales de Chester Bennington al frente, reclutando a Rick Rubin (Metallica, Slayer, Danzig, Red Hot Chili Peppers) en las filas de la producción, estamos frente a un escenario que por lo menos es novedoso. Sin guitarras predominando, sólo en acompañamiento de los samples y loops que se disparan en cada track, la agrupación estadounidense ha logrado el mejor trabajo de su historia a pesar de las opiniones de los fanáticos más puritanos.
Comprometiéndose con un mensaje anti-sistema en este disco, siguen una línea mirando haciendo al futuro y olvidando el pasado, pero sin ser revolucionario. La banda es una coleccionista de hits que en este caso le será difícil convencer a un público más popular por romper el molde en el sonido habitual de sus dos primeras propuestas, Hybrid Theory y Meteora.
Más armónicos y maduros, con una influencia muy marcada de los trabajos experimentales de Radiohead, de los 15 temas que están estipulados en el CD, casi la mitad son interludios donde nos dan una idea que se trata este proyecto, haciendo que el trabajo se escuche de principio a fin como una obra conceptual muy bien balanceada.
De entrada The Requiem y The Radiance son el aperitivo inicial, algo más que inusual con dos introducciones donde recién en la tercera canción Burning In The Skies, entrana tocar de una forma muy tranquila, ocurriendo de la misma forma sin sobresaltos de ningún tipo durante todo el CD, salvo en algunos tramos de la historia conceptual como en Blackout, donde Chester Bennington empieza a gritar de forma desmesurada recordando a Faint de Meteora y con una ausencia, en este caso favorable, de Mike Shinoda. El rap/rock es casi inexistente sólo por el hecho que en When They Come For Me hacen una clara alusión que de ahora en adelante no hay que esperar más de lo mismo de Linkin Park. La tranquilidad de todo el álbum no debe confundirse con falta de entrega o en buscar nuevas alternativas y nuevos sonidos como en The Catalyst, ya que A Thousand Suns es un experimento donde los géneros no existen y la música es libre.
Por suerte, el grupo esta mutando en algo que tendrían que haber hecho en su disco anterior, una mezcla que va del tecno, rock, pop, industrial bastante moderno. El redondo es uno de esos trabajos que dividen aguas y genera polémica durante años, un material donde no hay medias tintas, o lo amas o lo odias. Para los seguidores más fieles de la agrupación es un paso hacia atrás. Para Linkin Park, A Thousand Suns es simplemente comenzar de nuevo.
La ex-cantante de Nightwish, Tarja Turunen, regresa después de dos intensos y largos años de trabajo. What Lies Beneath es una continuación progresiva de My Winter Storm donde se le ve mucho más independiente que en sus trabajos anteriores.
Con miembros de renombre como Mike Terrana (batería) en su grupo e invitados especiales de la talla de Joe Satriani y Phil Labonte (All That Remains), la nueva obra de Tarja es más que sobresaliente por muchas razones.
My Winter Storm logró plasmar la oscuridad por la cual la intérprete estaba atravesando en el pasado y aquí logra poder encapsular una época, pero en vez de oscuridad refleja bastante luz a comparación de sus antecesores. Musicalmente, por suerte, nunca deja de tener ese tinte gótico característico que tuvo en Nightwish y que hoy continúa lográndolo con su voz. La cantante brilla de una manera fluida y sin ser forzada, la música manifiesta una gran potencia por más que sea una balada. El poder de su voz es innegable.
Pequeñas obras operísticas son las que presenta la cantante finlandesa con arreglos muy tradicionales. What Lies Beneath es un proyecto mucho más relajado dado sus excelentes baladas donde se alterna con el heavy. Sin duda el proyecto más personal con el que se ha enfrentado Tarja, tratando de demostrar que puede hacer grandes cosas.
Buscando dejar su propia huella como solista, la vocalista demuestra que trata de buscar un balance a lo que hizo en My Winter Storm. Sorpresivamente en el nuevo trabajo el punto de inflexión es cuando comienza la producción, sonando como una obra teatral con Van Canto en Anteroom Of Death, se amalgaman perfectamente haciendo una entrada bastante interesante.
A esta altura su alejamiento de Nightwish a veces no le juega a su favor por la temática lirica, a veces pareciera que le canta a sus ex-compañeros y viceversa, pero no por eso le quita honestidad a sus palabras como se demuestra en In For The Kill, uno de los temas más aguerridos de esta nueva entrega. Sus temas son concisos y aunque fue trabajado minuciosamente, como consecuencia no se nota que haya forzado de más la música.
What Lies Beneath es un pequeño rompecabezas muy bien construido donde la agresividad y la delicadeza, el ying y el yang de Tarja, se fusionan de una forma natural. Musicalmente, la carrera solista de Tarja va en ascenso constante demostrando que no hay fronteras que la detenga, como el pequeño guiño que regala a la audiencia latina con su canción Montañas De Silencio.
Tal vez el estigma de ser la ex-cantante de una agrupación tan importante como Nightwish, en ciertas ocasiones le juega en contra, pero para Tarja el cielo es el límite una vez más.