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Enthroned – Pentagrammaton

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Por Antonymous Ayala

Enthroned
Pentagrammaton

Regain Records

El satanismo y ocultismo del black metal siguen siendo abanderados por las hordas bélgas de Enthroned, quienes con la edición de Pentagrammaton, alcanzan el octavo larga duración de su carrera iniciada en 1993.

Como se conoce, Sabathan, el último integrante original abandonó la banda hace un par de años, quedando liderados por el veterano Nornagest quien asumió las riendas de la banda desde el disco Tetra Karcist (2007) y resulta que es primo de Cronos, vocalista de Venom, así que el linaje diabólico está asegurado.

Continúa la influencia cabalística de su diseño, mejoraron infernalmente en la calidad de su producción, demostrando que el mantenerse fieles a la crudeza del género, no es impedimento para invertir en una grabación profesional.


En su conjunto, la obra resulta agresiva, como ser mutilado a punta de hachazos, sin mesura, cada rola se asienta de modo brutal. Por cada integrante son escasos los acompañamientos vocales de Phorgath mientras sostiene el bajo, por lo que la maestría le toca a Nerath Daemon en la guitarra líder y los teclados, con el soporte de la batería y la presentación de Garghuf (Unlocked, Gorgoroth, God Seed) a su cargo.

No existe ningún solo en todo el álbum, así que se puede imaginar la serie de madrazos que componen cada pieza, entre escalas y rasgueos a modo de batalla campal.

El eslabón débil del disco es el intro atmosférico, un preámbulo común, que se parte con The Vitalized Shell, y la distorsión de tono agudo abre para dejar que la caballería infernal de todos los instrumentos, devoren con su presencia. Nornagest dirige la destrucción. Black metal puro reforzado con los teclados mínimos necesarios para impregnar el ambiente de una neblina demoníaca sin llegar a la majestuosidad orquestal que se destacó en su anterior entrega. Culmina con una oración a secas: Amen.

La caña despiadada de las guitarras continúa con Rion Riorrim, seguida por un respiro efímero, con arranque lento y descenso en la velocidad del acompañamiento por tan solo un minuto: Ornament of Grace, de las mejores composiciones.

Otras piezas que sorprenden por rescatar las raíces más crudas del black metal, con esa agresividad interrumpida por un coro piadoso como en Magnvs Princeps Leopardi,o la contundencia devastadora en N ehas´t y The Essential Chaos.

La rola que da nombre al nuevo álbum, Pentagrammaton, podría parecer la menos impresionante por su conjugación excesiva de riffs; sin embargo, expide una maldad particular muy distinta al resto del material, demostrando la capacidad creativa de los europeos que repiten esa destreza con genial y extenso corte de Unconscious Minds.

El intermezzo, otro elemento común del género, se da a través de la atmósfera instrumental Ad Te Clammamvs Exsvles Morvua Liberi, y el cierre centellante, corresponde a la agresiva Behemiron, similar a una tormenta impredecible.

Si eres ferviente seguidor del black, no saldrás decepcionado, el material es una muestra de lo puro que puede conservarse este género, a pesar de las tendencias experimentales de muchas otras bandas contemporáneas.

Enthroned ya ha sido confirmado para encabezar el cartel del Black Winter Fest para el mes de diciembre en el Distrito Federal, junto con otros sacerdotes del género extremo: Shining, Taake y Den Saakaldte.

Gamma Ray – To The Metal

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Por Pablo Barrios

Gamma Ray
To The Metal

earMusic/Edel Records

Muchas personas estaban con bastante escepticismo luego de escuchar unos avances del nuevo álbum de Gamma Ray, To The Metal – sobre todo con el adelanto de la canción que da nombre al título del disco porque suena exactamente a Metal Gods de los británicos Judas Priest. En este punto se ansíaba un nuevo Land of The Free pero es algo que quizá nunca pase, fue un hito en la historia en la música del power metal y así se quedará para siempre. La carrera de estos alemanes ha tenido sus aciertos y desaciertos a través de los años sin desmerecer su gran capacidad de crear canciones pegadizas. To The Metal suena al mismo término, suena a “Metal”, un tributo al heavy metal donde podría decirse que hacen un reconocimiento a bandas como Judas Priest, Accept, Iron Maiden, y a ellos mismos.

Kai Hansen y compañía ya son un emblema y son los que llevan la bandera sin duda de este estilo musical que a esta altura, está lleno de clichés por repeticiones de agrupaciones como los germanos. Junto a Helloween, son las instituciones mundiales y pioneras del género más melódico de la música pesada.

La magnitud melódica de esta particular obra es innegable, produciendo riffs que son dignos de cualquier himno, trayendo buenos resultados aunque el producto final sea demasiado previsible y esperado, quedando con un sentimiento de que algo le falta a esta producción, algo importante, el factor de sorprender al oyente.

Sonando más directos como No World Order y menos bombásticos como en Majestic y Land Of The Free II, To The Metal cumple su función, van hacia adelante con velocidad, galope y con el clásico sonido como la apertura de la obra titulada Rise y el tema All You Need To Know, que contiene la participación de Michael Kiske, quien junto a Kai Hansen, recuerda los mejores tiempos de su antigüa banda haciendo uno de los puntos más fuertes del CD, pero por otro lado Deadlands, sigue con la tradición de repetir la fórmula donde tiene algunos tintes de querer volver a sonar como los tiempos de Powerplant. Se percibe que el grupo quiere seguir con la cosecha del éxito sin muchas ideas renovadoras, y es más claro en la canción To The Metal, que inclusive para una banda como los alemanes es mala, porque es repetitiva, y todo suena demasiado forzado.

Como siempre, la parte más sobresaliente viene del duelo de guitarras y los solos de Henjo Richter y Hansen. En Time To Live se escucha como se complementan a la perfección cada segundo haciendo que la Gamma Ray suene fuerte y bastante optimista por parte de las letras como nunca se les vió. Temas como Shine Forever (Brilla Por Siempre), No Need To Cry (No Hay Necesidad de Llorar) y Time To Live (Tiempo de Vivir), apuestan a un trabajo alegre y relajado.

La única sorpresa y lo más agradable de escuchar es sin duda la balada power No Need To Cry, por su composición, diferentes matices y colores; y justo al final, Chasing Shadows, aquí, por primera vez, nos podemos encontrar con un teclado en frente haciendo tanto una intro con atmósferas sobresalientes y duelos de mastil dando un fuerte cierre para todo To The Metal, pero que nos deja con un sentimiento de que no han superado sus entregas pasadas.

Totalmente alejados de sus más altos clásicos, To The Metal tan solo es un disco más como lo fue Sigh No More, sin superar altas expectativas para los más acérrimos a este género donde cada vez se busca más virtuosismo y buenos tracks que suenen frescos y con ideas contundentes.

Lamentablemente quedando muy lejos de ser uno de los discos del año, al igual que Helloween, parece más un disco para festejar ellos mismos y hacer algún tipo de tributo que otra cosa, sin sorpresas y siguiendo la fórmula, demostrando virtud en este género melódico. Gamma Ray sigue reinando a pesar de algunos tropiezos hasta alcanzar ser uno de los grandes del power metal con talento y con tal vez, demasiada confianza en sí.

Trident – World Destruction

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Por Antonymous Ayala

Trident
World Destruction

Regain Records

Escuchar a un exponente de metal procedente de Suecia es cotidiano; sin embargo exportar una banda de primer nivel no resulta sencillo. En esta ocasión lo intenta Trident con su álbum debut, World Destruction.

La agrupación está conformada por miembros con amplia experiencia en bandas legendarias. El frontman es el guitarrista Johan Norman (Soulreaper, Dissection, Decameron) quien para crear esta prometedora máquina de guerra, se unió a Tobias Sidegård, enfermo vocalista quien estuvo en gira con Therion durante los días del Theli (1996) y prestó sus fauces en toda la discografía de Necrophobic, excepto su álbum debut. De esta banda sueca, viene el bajista Alex Friberg. La guitarra líder corresponde al hasta ahora desconocido Ewo Solvelius, quien por cierto, resultó ser un increíble genio para componer riffs que combina la contundencia del death sueco con algunos destellos de black metal crudo. Por si estas referencias fueran pocas, en la grabación intervinieron como ingenieros de sonido Andy La Rocque (King Diamond) y Nico Elgstrand (Entombed).

La decena de piezas logran una estructura armónica en su conjunto. Desde la introducción con The Trident se genera una ansiedad por conocer el sonido creado por músicos con el historial de los integrantes y los genios de la grabación.

Del álbum se aprecian dos estilos muy bien definidos, por un lado el extremo pesado de Jaws of Satan (Spawns of Hell), Stockholm Bloodbath y World Destruction, soportadas con una batería centellante de Jonas Blom (Grief of Emerald), todo un espanto con riffs poderosos e infernales, expulsando rabia e inclemencia a través de una tormenta de ‘blast beat’, acompañados por guitarras punzantes que abren el apetito. De inicio contundente, veloz, preciso e impecable. Estas rolas están esparcidas a lo largo del tracklist, para mantener la versatilidad de la propuesta que por momentos me recuerda al épico Riders of the Apocalypse (2004) de su compatriotas Demonoid.

La interpretación más técnica es el otro extremo de Trident, velocidad trepidante, sin misericordia, con un coro pegadizo que se repite en Nemesis. Junto con este corte, también aparecen Black Velvet Wings y Slaves to Anguish, toda una suculenta muestra del death metal europeo, la ejecución es fina y rítmica: coño, sueco hasta la madre.

Luciferian Call es la pieza que tal vez suene más técnica, sin por ello creer que se reduce el vigor del álbum, de hecho, su enlace resulta perfecto con las rolas anteriores, seguida por Blackened Souls una de las canciones más breves del álbum, en donde se puede redescubrir la calidad para componer una pieza instrumental con la marca del metal sellada a fuego. El cierre de World Destruction le corresponde a Mephisto con su comienzo acústico que deriva en una balada instrumental en donde se destaca el impresionante solo en manos de Solvelius.

Álbum debut, que cumple cabalmente como propuesta del explotado death metal sueco, pero con rostro personal que lo hará distinguirse de las hordas escandinavas. La destrucción mundial que ofrece Trident desde la Europa del Norte no dudará en desbaratar a los escuchas de esta parte del mundo, como se refleja en el diseño apocalíptico de la portada, a cargo del talentoso artista brasileño Marcelo Vasco (Belphegor, Ov Hell).

Baroness – Blue Record

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Por Juanito el del Demo

Baroness
Blue Record

Relapse Records

Con un par de EP’s conocidos como First y Second, y un par de álbumes titulados Red Album y Blue Record, uno podría pensar que la creatividad de Baroness no se encuentra en muy buena condición; no obstante, este cuarteto de Savannah, Georgia ha logrado sobresalir de manera distinguida y triunfante, dignos del título nobiliario que ostentan —al respecto, el término “barón” viene del francés antiguo y significa “hombre libre” o “guerrero libre”, algo totalmente congruente con el estilo épico que despliegan orgullosamente—.

Lo primero que llama la atención de la obra en conjunto es la portada; cualquier transeúnte podría llegar y comprar este álbum únicamente por lo atractivo del arte: un par de mujeres despojadas de sus ropas, de carnes voluptuosas, rodeadas de fauna y vegetación en tonalidades azules, con un aire nostálgico de art nouveau. Lo sorprendente, es que el autor de las portadas de Baroness es su propio vocalista y guitarrista John Dyer Baizley, quien además de las cubiertas para su propia banda, ha creado el arte para discos como Deliver Us de Darkest Hour, Static Tensions de sus paisanos Kylesa, In Return de Torche y Phantom Limb de sus compañeros de sello Pig Destroyer, entre otros, con un estilo, además, bastante reconocible por su colorido armónico. Un gran artista, en definitiva.

En el terreno principal —que es el musical—, Baroness se desenvuelve en el subgénero del sludge metal, un estilo atascado que ha encontrado sus principales representantes en el sur confederado de los Estados Unidos, en específico con bandas de Nueva Orleáns como Crowbar y Eyehategod, y en los también nativos de Georgia, Mastodon, con quienes Baroness tiene varias semejanzas, pues han expandido sus composiciones al nivel de obras progresivas, alterando sus ritmos, timbres vocales y tiempos, al grado de lograr transmitir una gran cantidad de sensaciones y estados de ánimo, pero siempre regresando al terreno de los riffs intensos de la guitarra de Baizley y los ataques rabiosos de tambores de Allen Blickle, respaldados por la precisión en el bajo de Summer Welch; tal vez las canciones que mejor ejemplifiquen esta tendencia progresiva sean Swollen and Halo, O’er Hell and Hide y The Gnashing; aunque muchas de las evoluciones también se dan a través de las pequeñas piezas que sirven como transiciones entre temas: Bullhead’s Psalm, Steel that Sleeps the Eye, Ogeechee Hymnal, Blackpowder Orchard y Bullhead’s Lament, gracias a las cuales los matices alcanzan un colorido equiparable al del mencionado arte de la portada. Llama la atención el solo de guitarra de The Sweetest Curse, con un sonido muy al estilo de Brian May de Queen, haciendo eco a la realeza de los ingleses, heredada de una reina a una baronesa. La alineación la completa Pete Adams, guitarrista apenas reclutado para este álbum, pero que conoce al resto del grupo desde sus días escolares, por lo que su participación e integración en las complejas composiciones se dio de manera fluida y natural.

Las letras, como es de esperarse, hablan de reyes, caballos y espadas, en un tono épico similar al de los nativos de Austin, Texas, The Sword, pero aunque el espíritu del disco sea homogéneo, no sigue en realidad una línea conceptual. Si las cosas siguen su curso, probablemente la próxima producción de Baroness se titule Green Work, pero independientemente del título, el verdadero reto consistirá en que logren mantener el nivel mostrado hasta ahora.

Barren Earth – Curse Of The Red River

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Por Sergio Alvite

Barren Earth
Curse Of The Red River

Peaceville Records

A lo largo de los años el término “supergrupo” se ha ido deformando. Quizá quien puede presumir de esa “patente” es Led Zeppelin, cada uno de sus integrantes era un genio; de ahí en adelante se fueron creando poco a poco éstas bandas de índole de “ensueño” como Blind Faith, y más al pasar del tiempo conjuntos como The Firm, Asia, Contraband, Temple Of The Dog, etc. Cada una de ellas con ventajas y sus contras; pero lo más relevante de esa etiqueta es que su tiempo de vida es muy corto y cuando no lo es, resulta extraordinario. Quienes en pleno siglo XXI nacen con la idea de contrarrestar ese estereotipo y con la mente abierta a ser un combinado normal con experiencia relevante en agrupaciones como Amorphis, Moonsorrow o Swallow The Sun es Barren Earth, quienes a pesar de no tener nombres tan rimbonbantes en el medio del heavy metal internacional, son de admirarse y apreciarse por el estilo musical que manejan en su debut Curse Of The Red River, fusionando death metal con el progresivo de los 70, ambos apasiguados por la melancolía, melodía vocal y un baño folclórico de donde provienen estos excelentes músicos, Finlandia.

Con la producción de un maestro de ésta escuela que él mismo originó, aunque pocos le dan el crédito, Dan Swanö, una referencia del death progresivo aflictivo que hoy en día sigue dedicando su vida a éste corte musical, Curse Of The Red River es una bestialidad de la composición que se embellece con sus arreglos y pinceladas de preciosismo que a instantes recuerdan a Opeth, una influencia muy marcada en éste redondo, pero sin embargo logran prevalecer buscándose un espacio propio con añadiduras tomadas abiertamente de Jethro Tull o los ingleses Pink Floyd.

La connotación de esos grupos citados se desprende en Flicker, un track poseído por lo brutal y por la gallardía acústica del también guitarrista de Kreator, Sami Yli-Sirniö; su pasividad se domina por la conducción de riffs poseídos por teclados orquestales, mismo que vuelve a sentirse en The Ritual Of Dawn y Ere All Perish.

Los ritmos lentos son una variante de éste larga duración, pero por igual la velocidad a medio tiempo prevalece en The Leer, inspirada por Autopsy y con sintetizadores Mogg.

Al igual que los Mogg, los Hammond, órganos que recuerdan de inmediato a agrupaciones históricas como Deep Purple o incluso Uriah Heep, se manifiestan en el sencillo Our Twilight y el track abridor que da nombre al álbum, una fusión que inicia con un ambiente estremecedor y oscuro para de pronto abrirse a la esperanza en una cadencia de potencia.

El aporte de Kasper Mårtenson, tecladista, es esencial. Su sello es el que los lleva más allá de los grupos de mismas características; al igual que él, el bajista ex-miembro de Amorphis, Olli-Pekka Laine, son fundamentales en la creación del redondo que a la par de distintas contribuciones del baterista Marko Tarvonen o el frontman Mikko Kotamäki de interpretaciones limpias y guturales, complementan un trabajo perfecto reflejado en Cold Earth Chamber, la de corte en pugna.

Como resaltábamos, el trabajo de guitarras entre Yli-Sirniö y Janne Perttilä (Moonsorrow) se agiganta con armónicos de confección sombría y de añoranza, cada uno acompaña a la voz dandole fuerza y sin quitarle atención. Esta luz puede vivirse en Forlom Waves, un vals en busca de la batalla con un piano que engrandece esa marcha para coronarse con un solo de teclado apoteósico.

Curse Of The Red River es una obra de esmero y magnificencia tal y como cierra con Deserted Morrows, una oda a guitarristas heróicos.

Sigh – Scenes From Hell

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Por Juanito el del Demo

Sigh
Scenes From Hell

The End Records

Scenes from Hell es el octavo disco de estudio de Sigh, pero ¿quiénes son en realidad? Para empezar, se trata de una banda de black metal japonesa, que comenzó su trayectoria en 1993 en la disquera de Euronymous llamada Deathlike Silence Records… dados estos antecedentes, el escucha debe quedarle claro que Sigh no sería la primera elección para amenizar un bautizo (a menos que tu hijo vaya a llamarse King Diamond); en efecto, se trata de música extrema realizada por músicos en realidad virtuosos, pero poco convencionales.

La primera impresión al escucharlo es la de tener en nuestro reproductor a un heredero de Dimmu Borgir —banda que ha construido muchos cimientos en el terreno del black metal sinfónico—; sin embargo, después de exactamente 55 segundos, nos damos cuenta de que hay mucho más atractivos que subyacen escondidos en las profundidades de esta escabrosa y desconcertante obra, de la que brotan espontánea y sorpresivamente elementos ajenos al rock, como saxofones, danzas folclóricas, orquestas pueblerinas y pasajes de jazz; pero también llama fuertemente la atención la inclusión de guitarras de rock de los sesenta u órganos sicodélicos —lo que resulta aún más drástico—, con lo que la mente maestra de la banda, Mirai Kawashima, nos mete a la fuerza en su mundo retorcido y asfixiante.

Conceptualmente, el álbum es un recorrido desde la agonía de su protagonista hasta su arribo al averno, que comienza con las visiones apocalípticas de Prelude to the Oracle y culmina con el tema que da nombre al disco, Scenes from Hell, con títulos referentes a tumbas y funerales de por medio, creando únicamente con música una serie de imágenes mentales que envidiaría Tim Burton para su desabrido País de las Maravillas. Muchos de los pasajes dan la impresión de haber sido inspirados por la banda sonora de alguna alocada película de ambiente surrealista de Fellini o de Kusturica, y ciertamente, para vislumbrar la residencia de Satán, parece lógico que nuestra mente se despegue de la realidad conocida, en un estado de vigilia.

Aunque en realidad no guardan ninguna semejanza con otros de sus paisanos, vale la pena considerar el acercamiento tan poco ortodoxo que los músicos asiáticos tienen respecto a cualquier forma artística, pues si bien en la cuestión del rock han asimilado el espíritu occidental (siendo, en específico el black metal, un estilo netamente europeo) lo han re-elaborado y adaptado a su manera.

Tanto delirio puede resultar perjudicial para la estabilidad mental del escucha, pero en las dosis adecuadas resulta como un estimulante traído del lejano oriente, que durante 43 minutos nos hará vislumbrar ocho escenas bastante explícitas del destino que nos aguarda a quienes no hemos llevado una vida apegada a las normas morales dictadas por el Vaticano. Nos vemos allá.

Rotting Christ – Aealo

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Por Antonymous Ayala

Rotting Christ
Aealo

Season Of Mist

Grecia tiene historia. Rotting Christ, su máximo exponente de música extrema, también. La banda lidereada por Sakis Tolis edita su décimo larga duración titulado Aealo, luego de 20 años en la escena mundial y eso, como el pasado de su país natal, conlleva un gran peso y una gran responsabilidad.
Es indiscutible que las bandas deben dictarse a sí mismas sus propias exigencias, no basarse en la opinión pública, las críticas, modas o imposiciones de las compañías para dirigir el enfoque de un disco. ¿Cómo saber lo que sucedió con Rotting Christ? Su historia muestra una evolución que se origina desde lo más radical del grindcore, pasando por el black metal y puliéndose hasta el gótico y ahora, tal vez folk.

La canción que abre el LP, lleva el mismo título de la obra, inicia con los coros despiadados a cargo de Pliades y el característico rasgueo de las guitarras, puntual y donde predominan los piquetes agudos, agresividad que se extiende en Eon Aeanaos junto con Thou Art Lord, que continúan el ritmo acelerado y más heavy del álbum, siguiendo la contundente batería, incorporando instrumentos de viento que contrastan con el riff sesgado de la rola, voces de tonos casi limpios, con mayor distancia del black metal, y que se desdoblan en solos melódicos sorprendentes.

Otra de las piezas destacables es Santa Muerte, con un ambiente diabólico y desafiante, que a pesar de los coros ritualistas que acompañan su desarrollo, es una salvajada en cuanto a ritmo incansable.

Demonon Vrosis, Noctis Era, y Pir Threontai, esta última con los coros de Alan A. Nemtheanga, vocalista de Primordial, son las composiciones más versátiles, de complejas estructuras unidas genialmente, una conjugación de coros casi litúrgicos, pasajes lentos y secciones machacantes con solos inteligentes, producto de la experiencia acumulada desde 1987.

En esta nueva propuesta, claramente demuestran tendencia tribales y étnicas como en Dub-Sag-Ta-Ke, canción estruendosa pero que se confunde con las intervenciones corales, como brotan en Fire, Death and Fear y Nekron Iahes perdiendo toda compostura; incluso la participación de Diamanda Galás en Orders From The Dead, que se asemeja a la plegaria de una bruja en medio de un conjuro ritual, se vuelven prácticamente rezos con algunos samples de metal. Su presencia en este álbum vino para mal a contrarrestar la excelencia de los temas que supieron continuar y evolucionar lo que se había estado haciendo en Sanctus Diavolos (2004) y Theogonia (2007).

En Aealo, se comete el pecado de saturar el disco con coros, impregnando un ambiente ceremonial excesivo que termina agotando este recurso. Otro aspecto desfavorable en el conjunto, es la batería de Themis Tolis, carente de creatividad y que se limita a un acompañamiento simple, aderezado con ritmos incesantes de doble bombo que igualmente utiliza en abuso, pero sin variedad, empobreciendo cada pieza; sin embargo, en los riffs y las voces prevalece un tono agresivo, oscuro y apetecible; ahora bien, el grado de putrefacción en el cristo griego, será de acuerdo a la sensación de quien lo escuche

Fear Factory – Mechanize

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Por Pablo Barrios

Fear Factory
Mechanize

Candlelight Records

Matar o morir, eso sería en pocas palabras lo que Fear Factory quiere dar a entender con este nuevo proyecto titulado Mechanize. Con la vuelta de Dino Cazares después de varios años en las cuerdas, la contratación de Byron Stroud (Straping Young Lad, Zimmers Hole) en el bajo y de Gene Hoglan (Death, Dark Angel, Strapping Young Lad) en la batería, reemplazando a Raymond Herrera, Fear Factory se convirtió nuevamente en un supergrupo de estrellas en la escena industrial.

A pesar de los problemas con los integrantes pasados y unos discos que no habían llenado la expectativa, como lo fue Transgression, con los problemas legales todavía por el nombre de la agrupación y con una estructura moderna, ésta maquinaria musical vuelve a atacar como en tiempos de los clásicos Soul of a New Machine (1992) y Demanufacture (1995).

Los estadounidenses no se dieron por vencidos y retornan como una máquina compacta, asesina y avasallante en este proyecto que les devuelve toda la gloria. Con un arte de portada austero pero contundente como nos tienen acostumbrados, muy similar a sus últimas obras, Mechanize envuelve toda la furia en tan solo diez canciones que no dan respiro, realmente sorpresivo por ese lado, mucho más directo y rápido y no tan melódico como son las obras Archetype y Obsolete, mientras que la agrupación se luce como nunca, sobretodo por Burton C. Bell que en cada palabra que canta y escupe se le nota aguerrido y con toda la inspiración encima.

Mechanize suena compacto por una sola razón, ninguna canción puede funcionar sin la otra, desde que abre el CD con el tema que da nombre que al disco, van para adelante sin perder paso durante toda la entrega, sin interrupciones, sin fallas y siendo un arsenal de riffs gracias a las composiciones de Dino, que suenan como todo el mundo los estaba esperando y eso se pudo apreciar en la respuesta absoluta y positiva del primer sencillo que se colgó en Internet, Powershifter.

En general sobresale toda la producción gracias a la entrega de la banda donde se aprecia que aman lo que hacen, Industrial Discipline, Fear Campaign. Christploitation, te rompe la cabeza a puro machaque, riff, sample y gritos en una conjunción sonora. En Controlled Demolition se nota la influencia que tiene Byron Stroud y Gene Hoglan en la formación inédita donde se percibe un sonido al más estilo de Strapping Young Lad en ciertas partes; en Metallic Division se da la introducción a Final Exit que cierra como tiene que ser, la canción melódica de todo el LP, llena de carga emotiva como fue Resurrection en Obsolote donde hay pasión, corazón y emoción.

Hubo que esperar más de cinco largos años desde su último trabajo de estudio para poder decir que Fear Factory está otra vez en las ligas grandes, se les nota confiados y contundentes haciendo de Mechanize un clásico instantáneo, colocándolo en los primeros puestos de su discografía. Lo único que se puede decir es que con la nueva alineación, el conjunto es una máquina asesina y es ahora cuando están dispuestos a matar a cualquiera que se les interponga en el camino.


Imperium Dekadenz – Procella Vadens

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Por Antonymous Ayala

Imperium Dekadenz
Procella Vadens

Season Of Mist

Una demoledora prueba de que el black metal no está agotado. Desde Alemania el joven dueto Imperium Dekadenz, conformado por Horaz en las vocales y guitarras, junto con Vespasian en todos los demás instrumentos, editan su tercer larga duración y el primero con la compañía Season of Mist.

Aunque la apertura del CD con Die Hoffnung stirbt… pudiera parecer un elemento débil con los tímidos compases de un solitario piano, el título que parafrasea la entrada al infierno en la Divina Comedia, enmarca a la perfección el sentimiento de nostalgia que desarrolla el álbum en su totalidad hasta el cierre con …wenn der Sturm beginnt, nombres que podrían traducirse del germano en la sentencia, “La esperanza murió cuando la tormenta comienza”.

Una textura diferente en cada pieza desborda la genialidad para estructurar las diferentes canciones. Es black metal ambiental, sin ritmos extremos, sin atrocidades ni satanismos, del tipo meramente oscuro y desafiante, que por momentos se acelera como en la genial Ego Universalis o la versátil Ocean, Mountain’s Mirror, que te incitan a sacudir la cabeza y arrancarte el corazón, de las mejores del álbum.

Riffs pesados y variantes, con elementos avant-garde en la diversidad de cada fragmento, como se lucen en los diferentes ángulos de An Autumn Serenade, desde la parte distorsionada hasta la acústica y la conjugación de ambas, recitando la letra a manera de oración monástica, o en la misma Procella Vadens donde incluso se atreven a emplear voces limpias y la banda alcanza la cumbre.

A Millon Moons, el corte más extenso del disco con duración poco mayor de diez minutos, contiene ese tipo de riff catatónico clásico del género, un rasgueo intermitente que se mantiene a lo largo de la pieza, como un hilo conductor en el despliegue de la misma, junto con el acompañamiento preciso de la batería y su doble bombo machacante a manera de galope amaestrado, solamente interrumpido a la mitad por una breve cápsula ambiental, o cuando se desbarata lentamente hacia su final.

Á la nuite tombante (tr. francés – al caer la noche), una suculenta pieza instrumental del diálogo entre guitarras acústicas con fondo ambiental melancólico. De ese tamaño están los cojones de la banda que sin temor alguno, incluyen esa composición justo en medio del disco. Imperium Dekadenz se da el lujo en The Descent into Hades para dejar la intervención de una fémina acompañada de un teclado y ligeras percusiones que te conduce a un viaje ancestral, plácido y tétrico a la vez.

La obra alemana Procella Vadens que si bien es cierto no es una propuesta radicalmente innovadora y podría mejorar la desgarradora voz para inyectarle mayor sentimiento en su interpretación, contiene sin lugar a dudas un alto grado de creatividad y en esto radica la brillantez del disco, mostrar un rostro diferente del black metal, más digerible, pero sin traicionar sus reales principios.

Drudkh – Lebedynyy Shlyakh (The Swan Road)

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Por Antonymous Ayala

Drudkh
Lebedynyy Shlyakh (The Swan Road)

Season Of Mist

Drudkh, el “bosque” de acuerdo a su traducción del sánscrito, la antigua lengua muerta, es una banda procedente de Ucrania en la vieja Europa Oriental. En 2005 editaron su tercer larga duración titulado Lebedynyy Shlyakh (The Swan Road), mismo que la banda ha considerado como una de sus más grandes obras, tanto que tuvo una segunda re-edición en 2008 a través de Eisenwald Records y este año, Season of Mist nuevamente lo produce y remasteriza con una portada diferente, en un intento por darle mayor fuerza a la música, esfuerzo que no logra alcanzar el resultado.

Desde sus primeros acordes en 1648 (año que inició la guerra del pueblo ucraniano contra la dominación de Polonia y Lituania), con ausencia de coros y batería, Drudkh inicia la introducción a su propio black metal, orientado por un ambiente folk que lo conserva entre el sinfín de bandas que emplean estos mismos elementos, sin alcanzar una personalidad que lo destaque del común denominador. La segunda pieza Eternal Sun estalla en un ritmo acelerado, interrumpido al segundo minuto por una atmósfera acústica, este pasaje permite la entrada de todos los instrumentos y las vocales de Thurios, guturales pero entendibles, donde el punto en contra es el tono monótono de su voz, del que no se sale en toda la grabación, lineal y carente de sentimiento. Esta fórmula es repetida en The Price of Freedom y Fate.

Blood, comete el error de asemejarse demasiado al clásico Alma Mater de Moonspell, un riff que evidencia la temática general de esta producción: una falta de creatividad en la composición de las canciones, en este sentido el trabajo de la batería resulta otro de los elementos débiles, porque se reduce a un simple acompañamiento básico y elemental, restándole al mínimo la intención de poder en las canciones.

Otro hecho bélico de la historia de Ucrania, se conmemora en Glare of 1768 (año que marca el inicio de la guerra donde Rusia finalmente se apoderó de su territorio), tal vez la única canción realmente decente y rescatable que conserva un ritmo épico en la vena de los himnos creados por Bathory, con excepción de la voz que de nueva cuenta va entorpeciendo la composición musical. El contraste con el listado de las rolas, pero también predecible, es Song of Sich Destruction, cantada en su idioma natal sostenida por una guitarra acústica absolutamente folclórica.

A pesar de que el material es mediocre, se puede reconocer el trabajo del guitarrista Roman Saenko para la ejecución de sus solos, que a pesar de no ser variada, se desglosan siempre en un ambiente nostálgico.

El resultado final de este álbum es bastante flojo y monótono. A pesar de los escasos momentos destacables que se reseñan, en lo personal suena insípido, simplista y en definitiva la banda debería enfocarse en desarrollar sus propios elementos y dejar de querer vivir con lo que solamente ellos consideran viejas glorias.